En una semana en que se conoció que la pobreza aumentó por primera vez en 20 años, que hubo una destrucción de 200 mil puestos de trabajo en junio y que la puesta en marcha de la Convención Constituyente no fue de las mejores, la expectativas de consumo -que refleja de alguna manera la confianza del consumidor- mejoró y quedó posicionada en niveles pre estallido social.

El 16 de agosto de 2019 fue la última vez que las expectativas de consumo “Muy buena/buena” superaron a las “Mala/muy malas”, de acuerdo a la medición de Cadem. Las semanas previas al 18 de octubre de ese año -el estallido social- se situaba en 44 puntos las positivas. Cifra que no había sido superada desde entonces, con un mínimo de 26 puntos en abril de 2021.

Ahora se rompieron esas dos marcas. Por primera vez desde 2019 las respuestas “Muy buenas/buenas” (47 puntos) superaron a las “Malas/muy malas” (44 puntos), y el nivel es el mejor registro pre estallido social, igualando al dato de la semana del 26 de julio de 2019.

Roberto Izikson, gerente de Asuntos Públicos de Cadem, cree que es confluyeron una serie de factores que dieron como resultado una mejor perspectiva. “Creo que son muchos factores que se cruzan. Fin de cuarentenas y mejores condiciones sanitarias, anuncios del Plan Paso a Paso, vacaciones, IFE (Ingreso Familiar de Emergencia) en pleno funcionamiento, residuales del 10% (retiros de los fondos previsionales), recuperación de ciertos empleos”, detalla.

“Al final. Es la percepción general de que estamos mejor”, dice.

En efecto, se han retirado más de US$50 mil millones desde los fondos previsionales durante un año y elevado y extendido los beneficios estatales, lo que está generando una mayor liquidez en las personas, lo que algunos expertos han calificado de una falsa riqueza.

Respecto de la flexibilización de las restricciones a la movilidad, también puede provocar una sensación similar a la de vacaciones o de las festividades de septiembre, que hay una mejora de ánimo en general, explica Izikson.

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