Recientemente, el Instituto Nacional de Estadística lanzó los resultados de la Encuesta Suplementaria de Ingresos (ESI) con cifras que a muchos sorprendieron. El salario promedio de los chilenos el 2020 (plena pandemia) subió de $620.528 a $635.134, y la brecha de género en el mismo periodo disminuyó de 28,06% a 20,36%. ¿Cómo es posible que en un escenario tan adverso para nuestra economía y mercado laboral hayamos tenido estas aparentes buenas noticias?

Para poder responder esto resulta útil recordar lo que se conoce como el “sesgo de la supervivencia”, concepto que tiene una interesante anécdota en la Segunda Guerra Mundial. Por aquel entonces, el gobierno de Estados Unidos estaba realizando un estudio sobre los lugares en que sus aviones bombarderos recibían los impactos más letales, con el objetivo de blindarlos mejor. El matemático húngaro Abraham Wald sorprendió a todo el equipo de militares cuando les dijo que el lugar de blindaje no debía ser el que presentaba la mayor cantidad de impactos, sino que donde no había perforaciones. Su argumento era que la información con la que se contaba era de aquellos aviones que habían logrado volver a la base, pese a la gran cantidad de disparos que registraban, y, por lo mismo, el blindaje debía reforzarse en aquellos lugares donde no había registro, porque probablemente era ahí donde se estaba causando el daño letal.

Un fenómeno muy similar ocurre con la ESI. En el periodo 2020 cuando se hizo el trabajo de terreno (octubre – diciembre), 1.140.000 personas habían perdido su empleo respecto del año anterior, ellos fueron los “aviones que no volvieron”. De ellos quienes más sufrieron fueron personas con bajo nivel educacional, de empleos elementales y mujeres. Esto, sumado a que la caída del empleo fue proporcionalmente mayor a la caída de ingresos, hizo que mejoraran distintos indicadores como el ingreso promedio y la brecha de género. El INE nombró a esto como un efecto de composición, y es la principal explicación de la “mejora” en estos indicadores. Producto de esto la cantidad de ocupados por hogar disminuyó y la desigualdad aumentó significativamente, tal como lo mostró la CASEN hace algunas semanas atrás.

El poder entender e interpretar bien los resultados de esta encuesta y otras que han salido en estos tiempos, es muy relevante para contar con un diagnóstico certero y, así, a partir de él diseñar e implementar políticas públicas que logren tener el impacto que se busca. Esta encuesta lamentablemente trae una falsa buena noticia, lo que nos conlleva a redoblar los esfuerzos de recuperación del empleo, particularmente de los sectores más afectados; mujeres, jóvenes y adultos mayores. También es importante reconocer que esta pandemia ha tenido un efecto heterogéneo geográficamente y según sector económico. Esto significa que políticas públicas de “talla única para todos” tendrán menos impacto que si se prioriza en aquellos grupos y lugares donde el golpe de la pandemia fue mayor.

/Escrito para La Tercera Por Nicolás Muñoz. Subdirector de Investigación Aplicada del Centro de Políticas Públicas UC