En este nuevo Chile parecen ser más importante los deseos que la realidad, dirán algunos. Nada de lenguajes rebuscados, de análisis sofisticados. Volver al origen, a la simpleza. El problema es que en ese proceso, apuntarán otros, se pierde el valor del conocimiento y la importancia de los expertos. Unos que por estos días son ninguneados y cuyas palabras, como de una vieja canción romántica se tratara, “se las lleva el viento”. Los consensos son escasos en el Chile actual, pero hay un tema donde economistas de izquierda y derechas parecen coincidir, el de los efectos negativos de un cuarto retiro de fondos de las AFP. Lo dijo Mario Marcel, lo reiteró el ministro Cerda y lo había sostenido Nicolás Eyzaguirre y Joseph Ramos. Pero el tema sigue ahí.

Y sobre eso, Pía Mundaca apunta en su columna de esta semana a la compleja relación entre técnicos y políticos. Según ella “la política ha venido mostrando crecientemente incluso hostilidad ante la evidencia”, y un buen ejemplo, “es el cuarto retiro del 10% que el Parlamento se apronta a discutir, pese a las taxativas advertencias sobre los calamitosos efectos que tendría”. Aquí más allá de sopesar distintas variables, “hay un cortoplacismo electoral francamente descorazonador”. Y el problema, agrega, es que “técnicos ignorados por la política están condenados a la irrelevancia y que políticos desvinculados de la técnica solo pueden empeorar los problemas que dicen querer solucionar”. Y cuando la ciudadanía desconfía de ambos, la combinación es aún más peligrosa.

 

El problema es que vivimos en una sociedad “drogada” apunta Max Colodro, y tal vez por eso, poco importa quién habla, porque nadie lo escucha. “La dosis suministrada ha tenido dimensiones colosales: entre retiros de fondos previsionales y ayudas entregadas por el gobierno, desde el inicio de la pandemia han ingresado a los bolsillos de los chilenos más de 70 mil millones de dólares”, escribe. Y el problema es que esta situación es tan artificial como insustentable. Pero más grave aún es que “no va a quedar otra que cerrar la llave” y cuando eso sucede, como si de una crisis de abstinencia se tratara, el país deberá enfrentarse a “los síntomas de deprivación” que son siempre dolorosos. ¿Quién será el encargado de hacerlo? La pregunta sigue en el aire.

 

Como agrega Rolf Lüders, este año el gasto fiscal se expandirá más de un 35% y ello requerirá un ajuste posterior muy complejo. Por eso, apunta, es valioso el último IpoM elaborado por el Banco Central en el que además hizo un especial esfuerzo didáctico. Pero pese a ello, agrega, recibió “una fuerte crítica centrada en la intencionalidad”. Que el BC no tiene idea de economía a escala humana, dijo Juan Andrés Lagos, o que su intención es frenar el crecimiento y estimular el desempleo para prevenir los retiros de las AFP, agregó Ramón López. “Descalificar de plano el trabajo de terceros, atribuyendo intenciones, no conduce a ninguna parte”, concluye Lüders. Son “las críticas constructivas las que pueden contribuir a construir un país más próspero y justo”.

/boletín semanal de Opinión de La Tercera