Tal como era previsible, la Comisión de Constitución del Senado aprobó en general el proyecto de cuarto retiro desde las AFP -y un segundo retiro desde las compañías de seguros, para pensionados en renta vitalicia- con votos solo de oposición, sorteando así la primera valla, que ahora deberá ser revisado en sala.

El proyecto ya viene aprobado por una amplia mayoría en la Cámara de Diputados -para lo cual contó con votos del oficialismo, tal como ocurrió con los otros tres retiros-, pero en los últimos días han surgido dudas de si contará con los votos suficientes en la Cámara Alta, pues es incierto si finalmente los senadores Carlos Montes (PS) y Ricardo Lagos (PPD) lo respaldarán -ambos han expresado reparos con la propuesta que viene de la Cámara-, en tanto que la senadora DC Carolina Goic ha señalado que votará en contra.

Los devastadores efectos del cuarto retiro sobre el mercado financiero, así como la erosión que esto supondrá para las futuras pensiones, han sido largamente documentados por el Banco Central, el regulador de pensiones y la CMF, entre otros organismos, así como por numerosos economistas de las más diversas sensibilidades. Estos testimonios han sido reiterados ante los senadores, pero incluso así se ha preferido hacer oídos sordos de estas advertencias, lo cual es una señal grave para el país.

Aun cuando es evidente que detrás de este proyecto se esconden motivaciones fundamentalmente electorales -de allí el afán de la oposición para que este proyecto pueda votarse antes de las elecciones de noviembre, plazo que por ahora se ve muy ajustado-, ha sido motivo de especial preocupación las presiones que se están ejerciendo sobre los senadores de oposición renuentes al proyecto. Las directivas de la DC y el PS han hecho públicos llamados a los senadores Montes y Goic para que reconsideren su voto, mientras que distintos dirigentes han hecho explícito que, si el proyecto se pierde por su culpa, entonces habrá graves consecuencias políticas.

Tanto el candidato del Frente Amplio y el PC, así como la candidata de Nuevo Pacto Social, han variado sus posturas iniciales -renuentes a un nuevo retiro- y ahora han pasado a ser sus decididos impulsores, buscando sintonizar con “las necesidades de los chilenos”. Pero es fácil advertir que si el proyecto no prospera, ellos y sus coaliciones deberán asumir un costo político importante, lo que explica el porqué del frenesí para seguir adelante con esta iniciativa a como dé lugar. Con ello hay una notificación explícita de que ya se han dejado de lado las políticas públicas que mejor sirvan los intereses del país, y en cambio los parlamentarios están legislando en función de sus propios intereses electorales. Esto, que desde luego resulta desolador, es aún más lamentable que también esté ocurriendo en el Senado, precisamente la cámara que debería estar llamada a brindar más estabilidad y sensatez en la deliberación política.

Las destempladas descalificaciones de que ha sido objeto la senadora Goic por parte de la diputada Pamela Jiles -quien se permitió ironizar con el cáncer que afectó a la senadora- son muestras de una descomposición del debate que no debe ser consentido.

/Editorial del diario La Tercera