La economía china, afectada por la cero tolerancia de Pekín con respecto al Covid-19, se enfrenta a un periodo de menor crecimiento. Los economistas juegan con el término “recesión” para describirla.

Una recesión suele significar dos trimestres seguidos de contracción, y eso sigue siendo poco probable para China, dicen muchos economistas. El país tiene muchas maneras de asegurar un crecimiento más fuerte que el de Estados Unidos y Europa este año, incluida la capacidad de generar un fuerte gasto público.

Sin embargo, los economistas afirman que las condiciones subyacentes, agravadas por los encierros a causa del Covid en Shanghai y otros lugares, están empezando a parecerse más a una recesión, algo que China no ha experimentado en décadas.

Millones de recién licenciados tienen dificultades para encontrar trabajo. La confianza de las empresas ha caído. Las importaciones se han desplomado y los chinos, nerviosos, están guardando más ahorros.

El sábado, los índices de gerentes de compras publicados por el gobierno chino mostraron contracciones en la actividad de las fábricas y del sector de los servicios por segundo mes consecutivo en abril. Cayeron a sus niveles más bajos desde que comenzó la pandemia en 2020.

La producción de cemento a mediados de abril era inferior al 40% de su capacidad total. Los envíos de smartphones cayeron un 18% respecto al año anterior en el primer trimestre. Las ventas de excavadoras en China descendieron un 61% en abril versus igual mes de 2021.

Los retos de China van más allá de los últimos confinamientos. Las consecuencias de la guerra de Ucrania han aumentado los costos de las empresas chinas y han contribuido a la disminución de la demanda de sus exportaciones en el extranjero. El sector inmobiliario, uno de los principales motores de la economía del país, entró en caída libre el año pasado, cuando los promotores se vieron obligados a endeudarse y las ventas de viviendas se desplomaron.

Cualquier desaceleración sostenida en China repercutirá en todo el mundo, privando a la economía mundial de uno de sus motores más confiables, mientras la inflación y la guerra hacen temer una recesión en Estados Unidos y Europa este año. Según datos publicados la semana pasada, la economía estadounidense se contrajo a un ritmo anual del 1,4% en el primer trimestre.

Por otra parte, según las cifras publicadas por el Fondo Monetario Internacional el año pasado, se prevé que China represente una cuarta parte del crecimiento económico mundial en los cinco años hasta 2026.

Los países exportadores de materias primas, como Brasil, que cuentan con la demanda china de productos como el mineral de hierro y otros metales, podrían ver cómo se reduce la demanda. Los exportadores de componentes y maquinaria a China, como Taiwán, Corea del Sur y Japón, ya han informado de un debilitamiento de las ventas tras el cierre de las fábricas chinas.

Ford Motor Co. anunció que las ventas de vehículos en China cayeron un 19% en el primer trimestre respecto al año anterior. El fabricante de chips Texas Instruments Inc., con sede en Dallas, recortó su previsión de ingresos para el segundo trimestre debido a la reducción de la demanda relacionada con las restricciones de Covid en China.

El aflojo en los confinamientos de “cero Covid” en China, que han paralizado las cadenas de suministro entre países y han mantenido a los consumidores en casa a medida que el ómicron se ha ido extendiendo este año, probablemente provocaría una recuperación parcial. El número de casos en Shanghai, la ciudad más afectada, ha disminuido en los últimos días, aunque un puñado de casos en Pekín ha provocado nuevas restricciones allí.

A diferencia de lo ocurrido en 2020, cuando la economía china se recuperó rápidamente de su primer ataque de la pandemia, los problemas adicionales del país hacen que disminuyan las esperanzas de un resurgimiento importante este año.

Li Haitao, gerente de Zhejiang Taotao Vehicles Co., con sede en la provincia oriental de Zhejiang, declaró que los confinamientos por Covid han dificultado la obtención de suministros y la permanencia de los trabajadores en el lugar. También ha visto un descenso del 40% en los pedidos de scooters eléctricos y motos de cross de su empresa en comparación con el año pasado, debido a la disminución de la demanda en las economías occidentales. Junto con esto, el aumento de los precios de las materias primas, como el cobre, el acero y el aluminio, está reduciendo los márgenes de beneficio.

La empresa ha recortado un día de trabajo a la semana para cada miembro de la plantilla, lo que ha supuesto un recorte salarial de aproximadamente una quinta parte para cada empleado, dijo Li.

A su vez, el desempleo registrado en las 31 ciudades más grandes de China ha superado el nivel que alcanzó cuando Wuhan se fue a cuarentena en 2020. El desempleo juvenil es ahora del 16%, según datos oficiales.

“Hoy en día es muy difícil para los jóvenes encontrar un trabajo”, dijo Jessica Fan, directora de proyectos de una empresa de internet en China. Los gigantes tecnológicos del país han despedido en masa a sus empleados desde que Pekín puso en marcha el año pasado una amplia campaña de represión para que siguieran más de cerca los dictados del gobierno. Fan sostuvo que cada vez que su equipo anuncia un nuevo puesto, los currículums llegan a su buzón “como una nevada” durante semanas.

Más de 10 millones de estudiantes universitarios están a punto de graduarse este año, un récord para China, pero un indicador de vacantes elaborado por el Instituto Chino de Investigación del Empleo de la Universidad Renmin de China y el sitio web de búsqueda de empleo Zhaopin, advierte que no hay suficientes puestos de trabajo para todos ellos.

Alrededor de un tercio de los 290 millones de trabajadores inmigrantes de China no ha regresado a sus ciudades de trabajo desde el Año Nuevo Lunar en febrero, en medio de las restricciones por la pandemia. El número de personas empleadas en pequeñas y medianas empresas se ha reducido en torno al 30%, según la empresa de investigación J Capital Research, basada en entrevistas con organismos laborales chinos.

El lunes pasado, las acciones chinas sufrieron su peor venta en más de dos años, aunque se recuperaron un poco más tarde en la semana. Un descenso de la moneda china, el yuan, reavivó los recuerdos de una caída vertiginosa en 2015 que inquietó a los mercados mundiales.

La economía china está “en el peor estado de los últimos 30 años”, afirmó Weijian Shan, presidente y director ejecutivo de PAG, una empresa de capital privado con sede en Hong Kong que gestiona unos 50.000 millones de dólares, en un video para inversores chequeado por The Wall Street Journal.

“También creo que el descontento público en China está en el punto más alto de los últimos 30 años”, añadió Shan, que atribuyó la crisis actual de China a las decisiones políticas, aunque afirmó que su empresa sigue confiando a largo plazo en el crecimiento y el potencial de mercado de China. Sus comentarios fueron citados por primera vez por el Financial Times.

/The Wall Street Journal para Pulso