Cuando el futuro es incierto más vale mirar para atrás. Eso parece sugerir el último libro del escritor y ensayista estadounidense Grafton Tanner que se titula como los versos de Vicente Huidobro, The hours have lost their clock: the politics of nostralgia (Las horas han perdido su reloj: las políticas de la nostalgia). El asunto, advierte Tanner, no es si es buena o no la nostalgia, sino que los políticos que saben usarla a su favor pueden sacarle mucho provecho, basta pensar en el Make America Great Again, que no es otra cosa que simple nostalgia por ese pasado perdido. Y la pandemia ayudó a acrecentarla… el pasado siempre da algo más de seguridad.

Pero añoranza o no, el hecho es que mirar el pasado no deja de ser un ejercicio útil y en las inevitables reflexiones de fin de año varios columnistas intentaron ponerlo en perspectiva – al menos el pasado que acaba de terminar. Y en ese proceso, agregarán algunos, abundan las interpretaciones, porque como decía Stephen King, el pasado “es un mundo de ficción”. Pero ahí están las lecturas del año que se fue. “El primer año de la nueva era”, escribe Oscar Contardo, el que marcó el ascenso al poder de los líderes de las movilizaciones de 2011 y dejó atrás “a la generación de la Guerra Fría y la televisión en blanco y negro”.

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