Y en medio de las reflexiones, vale la pena comprobar, como apunta Daniel Matamala, que los pecados son compartidos. Eso de separarse entre buenos y malos nunca ha sido una buena receta.

Al final, escribe, “tras el triunfo del Rechazo (…) hemos comprobado que el clasismo no era patrimonio de un sector: cruza a Chile transversalmente, de izquierda a derecha”.

Vivimos en “una larga y angosta faja de roteo”.

Al final, las lógicas se repiten y “atribuir una paliza electoral a la ignorancia del pueblo es clasista, antidemocrático, intelectualmente deshonesto y políticamente suicida”.

Lo que falta agrega Matamala, “más que rotear”, es “escuchar”. Hay que ver ahora si los que tienen que hacerlo lo hacen. Sólo queda esperar.

Mientras las “eras” siguen acabándose y el mundo no sólo se queda sin reina sino también sin rey, pero el otro, el del tenis. Ni las leyendas son eternas.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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