El economista y político británico David Ricardo desarrolló en el S. XVIII las bases de la teoría del comercio internacional. Propiciaba el libre comercio, que no restringe importaciones ni exportaciones. Según su teoría de la ventaja comparativa, la mezcla de libre comercio internacional (sin restricciones a exportaciones o importaciones) y especialización de industria tiene siempre resultados positivos; mientras el comercio genera beneficios mutuos entre países, una nación debería concentrar sus recursos en industrias en que tiene ventaja comparativa, entendida como mayor eficiencia productiva en relación con los usos alternativos de los recursos. Estas ideas siguen vigentes en la economía moderna e incluso a naciones en desarrollo se les recomienda establecer aranceles muy bajos, a fin de promover el comercio internacional. Una expresión de ello son los tratados de libre comercio (TLC), que permiten intercambio de bienes y servicios con pocos o ningún arancel, cuota, subsidio o prohibición que lo inhiban.

Desde el retorno a la democracia, Chile ha basado su política comercial en una red de TLC con más del 60% de la economía mundial, brindando acceso en condiciones preferentes a 65 países como China, India, la Unión Europea, EEUU, Japón, Corea del Sur, Indonesia y Brasil; en suma, un mercado de más de 5 mil millones de personas. Esta estrategia ha permitido un desempeño sin precedentes de los principales sectores de exportación: entre 1990 y 2018, los embarques industriales crecieron 9% anual; los envíos agrícolas, 7%; y las exportaciones minerales, 8% (SUBREI, 2020). A su vez, la mejora en la posición competitiva ha permitido a las empresas generar más empleo: a 2020, las 7.600 firmas exportadoras chilenas sumaron más de 1.100.000 puestos de trabajo (SUBREI, 2021).

Lamentablemente, hoy esta exitosa estrategia comercial se encuentra fuertemente cuestionada. El borrador de nueva Constitución para Chile declara a América Latina y el Caribe “como zona prioritaria en sus relaciones internacionales”, acotando la búsqueda de mercados internacionales en vez de ampliarla. El programa del actual gobierno va más lejos: delinea pedir ingreso como Estado miembro pleno al MERCOSUR, que ha dado señales preocupantes de proteccionismo, limitando el intercambio de sus miembros con el resto del mundo. El último desarrollo en esta línea ha sido el intento del grupo por bloquear el TLC de Uruguay con China, principal socio comercial de Chile. A esto se suma la reticencia del gobierno por firmar nuevos tratados comerciales, incluyendo el TPP-11, y las dificultades de las nuevas autoridades para avanzar en el proceso de modernización del Acuerdo de Asociación con la Unión Europea.

El proteccionismo comercial retrotrae a Chile a experiencias fallidas del siglo XX, como la industrialización por sustitución de importaciones, hoy transversalmente considerada ineficaz para países en desarrollo. De hecho, los Nobel de Economía Milton Friedman y Paul Krugman defienden el libre comercio como modelo para el desarrollo económico. El liderazgo de Chile en TLC ha sido clave para la prosperidad lograda en las últimas décadas; no se entiende el giro hacia un proteccionismo que, según la evidencia, traerá precios más altos a los consumidores, industrias menos competitivas y menor bienestar para la población.

Escrito por Mauricio Villena para La Tercera

El autor es decano de la Facultad de Administración y Economía, Universidad Diego Portales.

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