En los próximos días, Chile deberá anunciar su voto en las elecciones para la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Dos años atrás, las elecciones anteriores en el BID generaron titulares, apasionados editoriales, sesudas columnas de opinión y hasta debates en aulas universitarias, algo inusitado en estos procesos más bien sacados de bulla. La razón era muy sencilla: el candidato principal, Mauricio Claver-Carone, un joven abogado de Miami, rompía un doble precedente. Por una parte, no era latinoamericano, sino estadounidense; por otra, no cumplía con las exigencias profesionales del cargo, ocupado hasta entonces por exministros de Hacienda o excancilleres con larga experiencia. El escuálido résumé de Claver-Carone no le llegaba ni a los talones de sus predecesores.

El gobierno de Trump no habría podido imponer solo esta candidatura, pero lo logró gracias a presidentes como Iván Duque y Jair Bolsonaro, dispuestos a entregar ese importante cargo regional a cambio de congraciarse con el Tío Sam. En esa encrucijada, Chile no se perdió, y el entonces Canciller Andrés Allamand no cayó en la trampa de la Casa Blanca. Él y el ministro de Hacienda Ignacio Briones se jugaron por una alternativa latinoamericana. Con todo, Claver-Carone fue electo y ocupó el cargo por dos años, pero, como era predecible, no dio el grado y acaba de ser despedido, en medio de un escándalo.

En ese marco, el BID puede retomar su mandato original, promover el desarrollo de América Latina, y no la política exterior de Estados Unidos, que fue a lo que se dedicó Claver-Carone, uno de cuyos objetivos clave fue excluir a China de todo proyecto del Banco.

Esta vez, Chile tiene la oportunidad de apoyar a una excelente candidata, en la tradición de Felipe Herrera, Antonio Ortiz-Mena y Enrique Iglesias, esos gigantes que le dieron su impronta al BID. Se trata nada menos que la candidata de México, Alicia Bárcena, primera candidatura en ser lanzada al ruedo, y flamante embajadora de México en Chile.

Durante 14 años secretaria ejecutiva de la Cepal, en que fue la primera mujer en ocupar el cargo, graduada de Harvard, y con amplia experiencia tanto en el sistema de Naciones Unidas como en el gobierno mexicano, Bárcena es una candidata ideal, que debería generar amplio consenso. Su vasta experiencia en Cepal, el gran “think tank” de América Latina, le ha dado un extenso y pormenorizado conocimiento de la región y los enormes desafíos que enfrenta en estos difíciles años pospandemia, que algunos ya califican como apuntando a una segunda “década perdida” (2015-2025), dadas las bajas tasas de crecimiento de la región. Una notable campeona de la integración regional, Bárcena es también una gran amiga de Chile, donde vive hace ya 15 años.

En momentos en que no solo retomar el crecimiento, sino que también la cooperación y coordinación regional adquieren renovada urgencia, algo en lo cual el BID, ya desde los tiempos de su presidente fundador, Felipe Herrera, siempre un jugó un papel clave, esta es una candidatura en la cual Chile no se puede perder.

Escrito para La Tercera Por Jorge Heine, profesor de RR.II., Universidad de Boston