Hay ciertos legados difíciles de ver y que con el paso de los años pasan casi desapercibidos. El mundo financiero, empresarial donde el día a día manda, eso es muy común. Mucho más que en otras esferas. Muchas veces recordamos a grandes médicos, presidentes. Pero difícilmente en Chile la historia reserva espacio para los pioneros en las empresas.

Y es que somos un país pequeño, las historias de nuestro mercado no son muy conocidas y por ello bien vale una pausa y visualizar los aportes de quien fuese el presidente y fundador de Hortifrut, Víctor Moller Schiavetti, quien falleció a los 79 años.

Fue, en una palabra, un precursor. La suya, fue la primera empresa de berries del mundo en tener una salida exitosa a la bolsa, tras varios intentos fallidos de muchos competidores del mercado, quienes no tuvieron su enorme capacidad asociativa, su sentido del humor y su incansable pasión por los negocios.

Su legado y su fórmula, su visión pionera en la introducción de la innovación y sostenibilidad como ejes clave en el despegue de la empresa a inicios de los años 80. Apuntes vigentes hoy para cualquier nueva generación de familia empresaria y sobre todo para la agroindustria nacional.

Estados Unidos, Asia y Europa fueron los destinos donde Moller pudo posicionar su producción de alta calidad, gracias a la temprana incorporación de la genética para optimizar sus resultados y dar un temprano sello global a un sector que hoy sigue siendo de los más relevantes en Chile en materia de producción agrícola. Una auténtica disrupción.

Junto a Juan Sutil como socio, Moller fundó Hortifrut en 1983 con el objetivo de producir y comercializar frambuesas, moras, arándanos y frutillas, desafío que tomaría forma bajo el ambicioso lema de “entregar berries a todo el mundo, todos los días”, con el posterior apoyo de otras familias empresarias que creyeron en él, como los Swett, los Novión, Urzúa, Del Río y Elberg, entre otras. Resulta impresionante que, en plena recesión económica en Chile, el empresario definiera ese desafío global que hoy tiene posicionada a la empresa como la mayor plataforma de comercialización de arándanos a nivel mundial y segunda en la categoría berries, con presencia en más de 35 países, en asociación con más de 600 productores en todo el mundo, según releva la propia compañía en su nota tras la muerte del fundador.

Compartí con Víctor como asesor, profesor de sus hijos y luego director externo de su compañía. Pude constatar su enorme y positiva ambición, en un sector productivo usualmente más tradicional, como es la agricultura, y apenas Chile siquiera superaba la recesión del 82. Su visión innovadora y la permanente búsqueda de la asociatividad como eje del negocio, son lo que explica que actualmente, la capitalización bursátil de la compañía ascienda a más de $457 mil millones. A ello se suman los recientes proyectos en Colombia, Ecuador, Portugal y México, para ampliar las plantaciones, además de la potente alianza con uno de los mayores comercializadores del segmento en Europa, en una operación que bordeo US$ 280 millones.

Moller fue inspirador para muchos. Es un gran ejemplo de empresario, ser humano y mentor para gran parte del sector agroindustrial y la asociación de emprendedores de Chile, como también más allá de nuestras fronteras. Desde la óptica de la sucesión, también tuvo una visión de largo plazo, abriendo espacios a la incorporación de miembros de su familia para fortalecer el legado de la empresa, con una enseñanza que tengo grabada hasta el día de hoy: estar dónde deben estar los dueños, para generar confianza, tejer relaciones y mostrarse presentes en los momentos de la verdad del negocio. En todos ellos, y en tantos de sus cercanos que están compartiendo sus recuerdos en las redes sociales estos días, se dibuja la forma indeleble de su huella, sello portador de los más altos valores del emprendimiento.

Hoy, su empresa a medio camino de convertirse en un Unicornio del agro sin duda será la que hable por años y nos represente como país en los mercados extranjeros. Sin duda es y será uno de los principales responsables en el camino para que Chile sea hoy visto por muchos como una Potencia Alimentaria. Pero el sostener ello, en un mundo tan globalizado, dependerá de otros. De quienes sepan como Moller que la agroindustria y las empresas en general viven y triunfan hoy con esa mezcla de ambición, como él bien decía de “conquistar el mundo” y un arduo trabajo innovador para lograrlo. Se nos fue un Grande, pero su legado nos acompaña.

Columna de Gonzalo Jiménez para Pulso