La vehemencia con la que el Presidente Boric le exigió respeto a un asistente al foro de Conapyme este jueves, trajo a colación imágenes de un pasado nada lejano. Por ejemplo, la de un joven Gabriel Boric, en su rol de dirigente estudiantil, increpando con fuerza a Sebastián Piñera. En esa ocasión, se puede escuchar al actual Presidente manifestando que seguirían “en la calle movilizándonos por una educación pública, gratuita y de calidad”, y a Piñera contestando que “todos los chilenos tenemos derecho a expresarnos y movilizarnos, somos un país libre y democrático, pero siempre hay que hacerlo en forma pacífica y respetuosa”.

¿Tiene razón el presidente Boric en su exigencia?

Sí la tiene, más allá del modo en que esta se pidió. Las sociedades democráticas tienen indudablemente un amplio margen de disensos, críticas y posiciones que pueden ser totalmente antagónicas, pero para que estas puedan expresarse y contrastarse libremente, deben ser hechas dentro del marco del respeto y la no violencia. Interrumpir al Presidente en su discurso no es una manera de hacer diálogo.

Pero revisemos esta exigencia a la luz de otras expresiones usadas por autoridades en el último tiempo. “Pacos asesinos, el pueblo tiene todo el derecho a odiarlos”, decía el ministro Grau, “Paco nazi”, agregaba la ministra Orellana, quien, además, diría que el expresidente, ministro de Interior e intendente eran “asesinos”. En la misma línea, sostiene hoy que “la verdad procesal no es necesariamente la verdad material”. Para subsanar sus referencias a Carabineros, ambos fueron a pedir disculpas privadas. Para el caso de suponerse encima de la justicia, echarse al bolsillo la presunción de inocencia y ser quien determina la culpabilidad, no hemos escuchado nada. Carabineros, los ciudadanos y sus derechos procesales, así como la justicia libre de presiones políticas, merecen respeto.

Podríamos llenar varias páginas de insultos de parte de la izquierda radical a todo quien haya votado Rechazo -que fue la inmensa mayor parte de los chilenos-, tratándolos de tontos, ignorantes, engañados, de no merecer beneficios sociales y mucho más. Todos ellos también merecen respeto.

Cuando un diputado de extrema derecha golpea a un parlamentario, insulta a una diputada trans y promueve las fake, falta gravemente a la dignidad del cargo, a la democracia y a las personas. Todos exigimos respeto.

La izquierda moderada, los locatarios de los centros de las ciudades, los vecinos de Plaza Italia, los de La Pintana, Concepción, Valparaíso, Santiago, migrantes, mujeres, pueblos originarios, y todos quienes han sufrido la violencia y los ataques octubristas, también merecen respeto.

Y el Presidente, así como exigió respeto mientras hablaba, debiera exigirles lo propio a su gabinete y miembros de su coalición inicial, ya que la democracia se construye a través de la libertad de conciencia y expresión, así como de la libre circulación de ideas y el debate público.

Escrito para La Tercera Por Jaime Bellolio, ex ministro, ingeniero Comercial

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