El país tiene hoy un gobierno que casi lo único que proyecta es precariedad. Las torpezas cotidianas de diversos ministros y del propio presidente no hacen sino confirmar que la conducción del Estado se encuentra hoy en manos de un grupo de dirigentes políticos que, simplemente, no estaban preparados para tan exigente tarea y que, por si fuera poco, enfrentan la coyuntura del plebiscito con mentalidad de trinchera, lo que no puede sino provocar enorme desconfianza.

Un mínimo sentido de las proporciones les aconsejaba actuar con prudencia frente al plebiscito, y preocuparse principalmente de resguardar la corrección del proceso electoral en el marco del respeto a la tradición de prescindencia de quienes gobiernan. Tal actitud habría revelado espíritu de supervivencia. Sin embargo, escogieron el camino del compromiso con un texto que es en realidad es una plataforma de combate, cuyos redactores nunca consideraron necesario buscar un consenso.

¿Visión estratégica para enfrentar el plebiscito? Ninguna. Las encuestas son desfavorables hace rato, por lo que correspondía que evitaran los riesgos innecesarios. Pero, allí los tenemos, seguros de sí mismos, convencidos de que no pueden perder porque tienen “toda la razón”. Giorgio Jackson lo dejó claro: se sienten investidos de superioridad moral no solo respecto de los adversarios, sino de los propios aliados.

Los líderes del Frente Amplio saltaron a la fama con un aura de jóvenes incontaminados, encarnación de la pureza de ideales, superiores a la centroizquierda que lideró la transición, y superiores también a la izquierda leninista/castrista, representada por el PC. Todo les fue fácil. Avanzaron por el camino pavimentado por las fuerzas que reconstruyeron la democracia, lo que fue favorecido porque esas fuerzas bajaron los brazos y se rindieron ante estos jóvenes que parecían anunciar la renovación de las izquierdas. Boric y su gente llegaron rápido a las máximas responsabilidades políticas. Y ahí están ahora, sin saber bien lo que tienen que hacer.

En realidad, los líderes del FA carecían de un proyecto medianamente meditado, que fuera expresión de un esfuerzo por dar respuestas sustanciales a los problemas del país. Les gustaría que Chile fuera Noruega o Dinamarca, dicen ser partidarios de construir un Estado de Bienestar como los de Europa, pero se asociaron con el arcaísmo del PC, se ven a sí mismos como anticapitalistas y rinden culto a las viejas fórmulas del estatismo.

No hay en La Moneda verdadera conciencia de la realidad. Las marchas y contramarchas de Boric y sus cercanos no se explican solo por la impericia, sino principalmente por la visión distorsionada que tienen del país. ¿La mayor prueba? La adhesión irreflexiva que manifestaron hacia la Convención y el proyecto de nueva Constitución, y que los llevó a juntar su aprobación y la suerte del gobierno en un solo paquete. Es difícil concebir mayor desatino.

¿A dónde llevarían al país si, hipotéticamente, ganara el Apruebo? ¿Qué harían frente al previsible desbarajuste institucional, económico y social que sobrevendría? ¿Cómo se las arreglarían frente a los innumerables conflictos que provocaría la implementación de la plurinacionalidad y la creación de autonomías territoriales indígenas? ¿Se alcanzan a imaginar el maremágnum en el que estarían? Y, sin embargo, ese es el camino que, indolentemente, le están ofreciendo a Chile.

Ahora, Boric está tratando de poner de acuerdo a los dos bloques que conviven dentro de su gobierno para que se comprometan, antes del plebiscito, a introducir cambios al texto que La Moneda imprimió y repartió en miles de ejemplares. ¿Quiere decir que están dispuestos a imprimir un nuevo folleto en el que se explicará cuáles artículos ya no valen, y cuáles se incorporarán?

Se trata de una gigantesca burla a la fe pública. En la papeleta aparecerán las opciones Apruebo y Rechazo, referidas al proyecto de la Convención. No aparecerá una alternativa que diga “apruebo más o menos”, o “apruebo estos artículos, pero rechazo estos otros”, o “apruebo, pero no la apliquen todavía”. El intento de maquillar el producto solo creará una situación bochornosa para quienes han adherido incondicionalmente al proyecto, y han llegado a describirlo como la aurora de la justicia.

La votación del 4 de septiembre será en gran medida un pronunciamiento sobre el gobierno en momentos en que la credibilidad de Boric no deja de caer. Es evidente que los dirigentes del Partido Socialista ya se han dado cuenta de que se están rompiendo demasiados platos que ellos no quieren pagar. Probablemente, el PC buscará protegerse de los efectos de la posible derrota.

Es real la posibilidad de triunfo del Rechazo. Ello exige gran templanza de las fuerzas que lo respaldan. No deben tomar ninguna iniciativa que enrede las cosas. Es preferible que los senadores que están en campaña por el Rechazo frenen su creatividad respecto de las fórmulas para el postplebiscito, o sea, que no le echen pelos a la sopa. Habrá que preocuparse por la estabilidad y la gobernabilidad, que serán puestas a prueba en los tiempos que vienen. De algo debería servir la suma de errores de los últimos tres años.

Por Sergio Muñoz Riveros para ex.ante.cl

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