Hay algo religioso en el debate político por estos días –aunque quizá siempre lo hubo. La búsqueda de la perfección y los adalides de lo “correcto” y lo “verdadero” han florecido, como en otras épocas florecieron también los promotores de ideologías excluyentes. Se cambian nombres, para no herir susceptibilidades y se eliminan términos por “inadecuados”. Y en este proceso, la política modifica su diccionario –como recogió La Tercera Domingo. Son tiempos de cambio, después de todo. Pero si bien para algunos como la filósofa Diana Aurenque es necesario “un lenguaje nuevo porque hay realidades que se están haciendo carne”, para otros existe el riesgo de traspasar los límites. Y ahí la Convención es el centro de las miradas.

Para el abogado Cristián Valenzuela algunos convencionales están mostrando las mismas actitudes que criticaban a esa clase política que llamaban a cambiar. “Luego de 24 días de existencia,, la Convención no ha discutido un solo artículo o materia constitucional, al contrario, la atención se ha centrado en el uso del lenguaje inclusivo, la ampliación de los cargos de dirección política, los privilegios y el ejercicio de atribuciones que no le corresponden”, asegura. Y según él, lo que revela es que a causa de marginación de millones de chilenos del proceso electoral (de mayo pasado), la debida representación popular fue reemplazada “por grupos y colectivos que hábilmente canalizaron el descontento”.

Nada de representación del Chile diverso, para Valenzuela, sino consecuencia de una contingencia electoral y pandémica. Un análisis muy distinto al de Aurenque para quien sí estamos frente a un órgano representativo del Chile actual. Ese “es Chile, un Chile pluridiverso, con distintas formas de expresarse, con dolores históricos, con dolores recientes; es una foto de Chile y es algo que no habíamos tenido”, asegura, pero que se está ajustando. “Por supuesto que van a ocurrir algunos gritos, porque están buscando un lenguaje común, en un país donde no se nos ha enseñado el respeto por el otro”, apunta. Solo queda esperar el resultado. Y ver si, como plantea Gabriel Zaliasnik, recoge finalmente a todos. Ese “We the people”, en versión local.

Pero volviendo al principio, lo que viene ahora, mientras la convención hace su trabaja, es una campaña que, como dice Ascanio Cavallo, será “más breve que nunca, con un grupo de contendores totalmente nuevos y un cierto entusiasmo colectivo por experimentar”. Aunque, según Alfredo Jocelyn-Holt de experimentación habrá poco porque no somos un país especialmente osado. “Cualquiera sea el resultado volveremos a tener a un DC o algo así en La Moneda”, asegura. “Piñera nunca ha dejado de ser DC”, escribe. “Por eso lo quieren reemplazar Provoste, DC, o Sichel, que también lo fue, y Boric que, por familia, puede que vuelva a serlo”. Si de colores primarios se trata, parece que ese es el que manda por acá, según Jocelyn-Holt.

/escrito por Juan Paulo Iglesias para boletín semanal de Opinión de La Tercera .

/gap