Detectada en octubre de 2020, se expandió hasta ahora en casi 100 países y ya es de circulación predominante en los Estados Unidos, Reino Unido, Alemania, Portugal y Singapur, donde desplazó incluso a otras variantes más contagiosas que el virus original.

Ahora, un reciente estudio en preimpresión concluyó que la variante Delta del SARS-CoV-2 tiene una “estrategia única” para facilitar la infección y evadir los anticuerpos.

Ocurre que, al igual que lo hacen otros virus, el nuevo coronavirus se multiplica infiltrándose y “secuestrando” células antes de explotar para continuar el ciclo en un proceso conocido como infección “libre de células”. Pero las células infectadas también pueden fusionarse con células no infectadas antes de romperse, y los virus como el de la hepatitis C que se propagan de esta manera tienden a ser relativamente más resistentes a los anticuerpos neutralizantes.

Los investigadores del Genotype to Phenotype Japan Consortium descubrieron que una mutación en la proteína de pico de Delta, que el coronavirus usa para infectar a las personas, aumenta su “fusiogenicidad”, o sea, su capacidad para propagarse de célula a célula.

Asimismo, si bien faltan estudios más completos, estiman que la mayor fusiogenicidad asociada con la mutación también podría ser responsable de la mayor virulencia de Delta, así como de los “síntomas inusuales” que causa.

Durante el estudio, los hámsters infectados con un virus portador de la mutación “mostraron una pérdida de peso significativa” en comparación con los infectados con otras variantes, agregaron los investigadores.

Ya un estudio publicado recientemente en la revista Nature había descubierto que la variante Delta apenas respondía a una dosis de la vacuna, lo que confirmó investigaciones anteriores que sugerían que la variante puede eludir hasta cierto punto el sistema inmunitario, aunque menos que la beta, la variante del coronavirus identificada por primera vez en Sudáfrica.

Investigadores franceses analizaron la eficacia de los anticuerpos producidos por la infección natural y por las vacunas contra el coronavirus para neutralizar las variantes alfa, beta y Delta, así como una variante similar a la versión original del virus. Para ello, analizaron muestras de sangre de 103 personas que se contagiaron de coronavirus. El estudio descubrió que la variante Delta era mucho menos sensible que la alfa en las muestras de personas no vacunadas de este grupo. Una dosis de la vacuna aumentó de manera considerable la sensibilidad, lo que sugiere que las personas que se han recuperado de la COVID-19 todavía necesitan vacunarse para protegerse de algunas variantes.

El equipo también analizó muestras de 59 personas después de haber recibido la primera y la segunda dosis de las vacunas de AstraZeneca o Pfizer-BioNTech. Sólo en el 10% de las muestras de sangre de las personas inmunizadas con una dosis de las vacunas de AstraZeneca o Pfizer-BioNTech se observó la capacidad de neutralizar las variantes Delta y beta en experimentos de laboratorio. Sin embargo, una segunda dosis elevó esa cifra al 95%. No hubo grandes diferencias en los niveles de anticuerpos que generan las dos vacunas.

Los investigadores concluyeron que: “Una sola dosis de Pfizer o AstraZeneca fue poco o nada eficaz contra las variantes beta y Delta”. En términos generales, los datos de Israel y el Reino Unido sustentan este hallazgo, aunque esos estudios sugieren que una dosis de la vacuna sigue siendo suficiente para prevenir la hospitalización o la muerte por el virus. Si bien los investigadores están estudiando la posibilidad que tiene Delta de evadir la protección de las vacunas, hasta el momento las vacunas siguen siendo eficaces y se recomienda completar el esquema para disminuir las infecciones e internaciones graves.

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