Tanto el lema de campaña del Presidente Gabriel Boric: “Si Chile fue la cuna del neoliberalismo en Latinoamérica, también será su tumba”; como la frase de la economista Mariana Muzzacato: “Muchos economistas en el mundo estamos mirando a Chile como experimento para matar el neoliberalismo”, se transformaron en verdaderas consignas para nutrir un debate público que no se agota: ¿Estamos ante fin del neoliberalismo?

A esto le antecede el estallido social de octubre del 2019 y el proceso constituyente que se desarrolló producto de este descontento social, donde se puso en tela de juicio el modelo económico que rige en Chile.

Esta política económica – basada en el paradigma liberal – plantea que el libre mercado es la mejor opción para el intercambio de recursos económicos, anteponiéndose a la intervención del aparato estatal y al control que este podría ejercer sobre las personas.

El modelo se instaló en nuestro país en la década de los 70 durante la dictadura de Agusto Pinochet, siguiendo al pie de la letra los postulados liberales expuestos por los “Chicago Boys”, economistas chilenos que continuaron sus estudios universitarios en Estados Unidos, instruidos por académicos como Haeberger, Friedman, Rottenberg, entre otros.

El debate muchas veces se torna difuso, no es negro ni blanco, presenta matices, evoluciona con el tiempo y se nutre con distintas corrientes de pensamiento. Pero siempre está en juego el rol del Estado en materia económica, las libertades de cada una de las personas y los derechos sociales de ellas.

El Centro Latinoamericano de Políticas Económicas y Sociales de la Pontificia Universidad Católica de Chile (Clapes UC) reunió ayer a distintos académicos a debatir en un seminario titulado: ¿Matar al neoliberalismo en Chile?

El profesor de la Universidad Diego Portales, Aldo Madariaga, planteó que concebir el neoliberalismo como el extremismo del mercado es un error. Respondiendo a la pregunta del encuentro, dijo que “No están las condiciones para la muerte del neoliberalismo, pero sí se están dando algunas modificaciones”.

Madariaga, a su vez, mencionó tres mecanismos que permitieron que el neoliberalismo se asentara en Chile. “En primer lugar, lo que llama la creación de apoyo, que permitió que los empresarios adhirieran al neoliberalismo, por ejemplo, a través de privatizaciones y desregulaciones. En segundo lugar, bloqueo de la oposición, que implica reducir la representación política de los perdedores, y el amarre constitucionalizado, reducir la injerencia de la política sobre la economía”, dijo.

Carlos Williamson, investigador de Clapes UC, se refirió a las críticas a las que ha sido sometido el neoliberalismo históricamente, en particular aquellas que apuntan a que bajo su esfera todo se puede mercantilizar, donde el mercado choca con la moral y es corrosivo.

“¿Que el mercado es amoral?”, se preguntó Williamson. “No parece ser así. Por ejemplo, los contratos en el mercado suponen el consentimiento entre las partes para su legitimidad y reciprocidad. Además de confianza, creatividad, respeto, lealtad, autodisciplina, sentido de justicia, honestidad, moderación, espíritu público y respeto por la dignidad humana (…). Los mercados pueden ser virtuosos”, respondió.

Por su parte, Renato Cristi, profesor emérito del Departamento de Filosofía de la universidad Wilfrid Laurier, de Canadá, abordó la pregunta sobre si Chile es neoliberal o no. “Mas allá de las instituciones y los intereses de empresarios y consumidores, me parece que la mentalidad de los chilenos es neoliberal”, señaló.

Luego citó, “como testigo la declaración de principios de la junta de gobierno (1974), donde Jaime Guzmán planteó que el estilo bajo y mediocratizante que ha caracterizado a la política nacional en el último tiempo ha ido desarrollando una mentalidad que frecuentemente ha llegado a considerar el éxito personal como algo negativo, que hay que esconder o ‘hacerse perdonar’… En definitiva, resulta imperioso cambiar la mentalidad de los chilenos”.

Cristi agregó que esta mentalidad se construyó “con materiales del Ladrillo, en cuya confección participaron economistas de Chicago, economistas de la DC influidos por el ordo liberalismo y Jaime Guzmán, quien aportó su particular lectura de la doctrina social de la Iglesia”.

Otra mirada es la del sociólogo Alberto Mayol, quien no estuvo en el seminario de Clapes UC, pero sí ha aportado a este debate en otras instancias. En Emol TV analizó el modelo económico, a su juicio Chile no es un país neoliberal porque “básicamente los chilenos sentimos que somos ‘pecadores económicos’, gente que no trabajamos bien, entonces decimos ‘igual trabajamos muchas horas’, pero pasa que somos improductivos, somos culposos en ese sentido”.

“El pecado original nuestro es que no somos buenos para trabajar, y esa sensación no es neoliberal. La idea neoliberal te dice ‘tú puedes, eres el mejor’ y el chileno no cree en eso (…) La gente no es neoliberal. Hay elementos sustantivos que sí son, como estos elementos antiguos que tienen que ver con las antiguas instituciones, esa sensación de tranquilidad que hubo un momento en la historia que produjimos un país muy ordenado, que efectivamente funcionaba con dignidad, esa sensación está, pero ese país tiene muchos defectos y la gente lo dice, como, históricamente, la desigualdad”, sostuvo durante la entrevista.

En la vereda opuesta se encuentra Axel Kaiser, presidente ejecutivo de la Fundación para el Progreso, quien invitó al David Friedman, hijo del nobel de economía y considerado como el “padre” de los “Chicago Boys” chilenos, a un conversatorio sobre la vigencia del neoliberalismo.

“No podemos permitir que se entierre (el neoliberalismo), nos unimos y lo defendemos. Todavía hay esperanzas”, sostuvo Kaiser.

Por su parte, Friedman, señaló que “en el mundo las cosas siempre avanzan hacia los dos lados”. Asimismo, dijo que “el socialismo está muerto, muerto hace décadas. Nadie quiere que el Gobierno tome el control de todo”, cuando le preguntaron: ¿Está muriendo el neoliberalismo?

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