Si de independientes se trata, Carlos Meléndez vuelve a traer a colación la experiencia peruana. Y lo hace justo ahora que su país enfrenta probablemente la elección más decisiva de este siglo, con un final -al menos en las encuestas- de antología. Para Meléndez, no hay duda, en el caso de Chile, que “el 16 de mayo un nuevo actor político emergió en el panorama: los independientes”.

Pero, agrega, “por lo que conocemos de países más adelantados en distopías apartidarias como Perú, los independientes suelen ser volátiles”. Tenemos que prepararnos, según él, a “verlos aparecer y desaparecer, reciclarse y esfumarse”. Y una de las razones es que “no comparten reglas para resolver conflictos” y “no saben jugar de memoria”. No son equipo.

La clave probablemente será, como plantea Oscar Guillermo Garretón, si en ese grupo “hay voluntad de filibustero o de constructor”. Los primeros, dice “son los que ven la sociedad como un botín capturado” y los otros, “los que ven la oportunidad de edificar con todos” una mejor sociedad.

Pero un problema a esa construcción, advierte por su parte Sergio Muñoz Riveros, puede ser la compleja creación hecha esa larga noche del 14 al 15 de noviembre de 2019, cuando se acordó el inicio del fin de la actual constitución. Se diseñó un proceso “donde coexisten dos parlamentos”. Y las primeras señales de ese “injerto a la actual institucionalidad” ya se están viendo.

No sólo, apunta Muñoz, cuando Patricia Politzer dice que “sería inconducente que los actuales parlamentarios aprobaran leyes que podrían quedar obsoletas”, sino también cuando el senador Juan Ignacio Latorre vota en contra del proyecto de integración urbana no porque esté en desacuerdo sino porque “la discusión debe darse en el próximo proceso constituyente”.

Estamos en un país en pausa. “Como los resultados (de la convención) se conocerán recién en 2022, se deduce que habría que ponerse a esperar”, escribe Sergio Muñoz Riveros. De ser así, dirán algunos, entre pandemia y convención terminaremos paralizados más de dos años.

Y aquí es válido recordar el punto de Ascanio Cavallo: “Los que se alegran por este estado de cosas, imaginando que combaten una lacra, son los que ignoran (o saben demasiado bien) lo que la historia ha confirmado demasiadas veces: que la destrucción de los partidos conduce, sin excepción alguna, a una sola cosa: al partido único”.

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