Si de historia se trata, sigue siendo fuente para aprendizajes e interpretaciones. A fin de cuenta, siempre es necesario afirmarse a algo para tratar de entender el presente. Y si como dice Joaquín Trujillo en su columna del miércoles pasado, “las épocas de paz olvidan mucho y por eso mismo incuban guerras civiles o internacionales: hasta se olvidan de que no hay que olvidar tanto”, también lo es que las de conflictos nos lanzan de golpe a mirar para atrás. Quizá eso explica la explosión de libros y novelas históricas por estos días.

El pasado ayuda a leer el presente. Por eso, más de un columnista ha vuelto a escarbar en otras épocas desde Alfredo Jocelyn Holt y su mirada de Rousseu y ese Pueblo que no puede ser representado hasta Gabriel Zaliasnik y su referencia a la Italia fascista.

“Quien conozca un poco de historia advertirá que en Chile se despliega una estrategia similar a aquella que usó el caudillo fascista Benito Mussolini para llegar al poder hace un siglo”, escribe Zaliasnik. Y basta leer M, la novela de Antonio Scurati -cuya segunda parte ya está disponible- para entender de lo que habla. Su referencia es motivada por los ataques del fin de semana pasado a las sedes de la UDI y RN, pero va más allá de ello.

“Entonces, como ahora”, sostiene, “fue el lumpen, vulgares matones… quienes lideraron grupos locales recurriendo a la violencia contra dirigentes socialistas, organizaciones políticas contrarias, y medios de la época”, recuerda, para forzar a un amenazado Rey Víctor Manuel III a encargar a Mussolini la formación de un gobierno fascista”.

A veces los paralelos entre la Europa de los años 20 y 30 con la época actual son inquietantes. Rimas de la historia, como las que planteaba Mark Twain y como las que sugiere también Max Colodro en su columna de domingo, pero en referencia a otra época, la del Chile de los 60. En un escenario electoral que podría ser modificado de manera decisiva a causa de los últimos sucesos políticos, señala Colodro, una DC hoy en el suelo podría revitalizarse y terminar convirtiendo a Yasna Provoste en el mal menor de la derecha frente al PC y al FA.

Ya sucedió en otra época. “En 1964, Frei Montalva afirmó que no cambiaría una coma de su programa ni por un millón de votos, pero no pudo impedir que la derecha terminará … apoyándolo en las urnas”.

Irónico sería que en tiempos del desplome de los partidos termine siendo la DC la que saque cuentas alegres. Porque si de crisis se trata, la de los partidos es probablemente la más profunda -y en eso, el pasado también entrega ejemplos, como el del desplome de los partidos en la Italia de comienzos de los 90. Aunque en ese caso, la vieja DC italiana no sobrevivió.

La dicotomía hoy parece ser independientes vs partidos y, como escribe Carlos Correa en su columna del lunes si no hay un cambio mayor, “que traiga aire fresco a las colectividades, termine con la lógica de tribus internas” acabaremos en una lógica de listas independientes donde la derecha podría impulsar una “Lista de la Libertad” en contraposición la “Lista del Pueblo”. Suena a esa Casa delle Libertà que encumbró a Berlusconi.

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