Como siempre ocurre, los plebiscitos terminan llevando a la población a votar sobre conceptos que no necesariamente empalman adecuadamente con lo que está formalmente en la pregunta del voto. Si bien los chilenos saben que deberán aprobar o rechazar la propuesta de nueva constitución redactada por la convención constitucional, la decisión que tomen frente a las urnas tendrá que ver más con la sensación que produzca cada alternativa que con lo que diga —o lo que ellos entiendan que dice— el texto constitucional.

Los aciertos y los errores de las campañas del Apruebo y Rechazo ha hecho que la decisión que tomen los chilenos en cinco días más sea entre la defensa de los valores de la nación y la democracia —el Rechazo— y la seducción de soñar un país mejor con derechos para todos —el Apruebo.

Aunque siempre hay una sensación más alegre cuando se compran regalos de Navidad que cerrojos para proteger el hogar, la gente está más dispuesta a invertir en seguridad cuando percibe una amenaza real. En los últimos días de campaña, el Apruebo cometió el error de permitir a los grupos más radicales —los “ultrones”— alimentar el temor de que los cambios que se vendrán en Chile serán demasiado radicales. Por eso, la defensa de los valores —personificada en la defensa de la bandera nacional— se ha convertido en la mejor forma de vender la idea del Rechazo en estos últimos días de campaña.

Desde que se disolvió la convención constitucional, la dinámica de la campaña para el plebiscito del 4 de septiembre ha variado en la medida que ambos bandos han buscado priorizar distintos aspectos y dimensiones de lo que implica votar Rechazo y Apruebo. A diferencia de una elección presidencial normal, las consecuencias de esta votación presumiblemente durarán por mucho más tiempo. Por eso, tanto el Rechazo como el Apruebo se han esmerado en reducir la ansiedad que siempre tienen las personas cuando deben tomar una decisión cuyas consecuencias serán duraderas. Ambas opciones se han comprometido a realizar cambios al statu quo a partir del 5 de septiembre. Pero como no hay forma de obligar a los ganadores la noche del plebiscito a cumplir sus compromisos, bien pudiera ser que la decisión del 4 de septiembre se convierta en una camisa de fuerza de la que cueste mucho salir después.

La difícil situación económica, la alta inflación y la creciente delincuencia han llevado a muchos a pensar que la mejor forma de expresar su malestar es castigando al gobierno. Como el Presidente Boric y la coalición oficialista se la han jugado por el Apruebo, muchos de los descontentos con la dirección que lleva el país votarán Rechazo independientemente de cómo se sientan respecto al contenido de la constitución. Por su parte, como muchas personas se sienten desafectas con la forma en que Chile ha funcionado por los últimos años, la tentación de votar Apruebo para producir un cambio pudiera llevar a muchos a respaldar un texto constitucional que no les parece muy bueno o que simplemente no conocen bien.

Las campañas han buscado, comprensiblemente, asociar sus mensajes a consecuencias positivas. Votar Apruebo es terminar de sepultar a la constitución de Pinochet. Votar Rechazo es decirle que no a la plurinacionalidad y al intento de convertir a Chile en una nueva Venezuela. Pero ese tipo de mensajes logra reafirmar a los ya convencidos, y tiene menos éxito atrayendo la votación de aquellos que todavía no saben cuál opción tomar o incluso si van a molestarse en ir a votar.

Por eso, en las últimas semanas, cuando parece haberse instalado la percepción de que ganará la elección el que logre llevar más votantes afines a las urnas, el Apruebo se ha centrado en el mensaje positivo de la larga lista de derechos sociales. Invitando a la gente a soñar con un mejor país, el Apruebo ha buscado convertir al plebiscito en una votación a favor del árbol de Pascua. El Rechazo, en cambio, ante el complejo desafío que implica llamar a la gente a rechazar un arbolito de Pascua ha buscado convertir la votación en un acto épico en defensa de los valores patrios. Como el miedo puede movilizar más que la esperanza, la campaña del Rechazo ha intentado convencer a la gente que el país está bajo amenaza y que votar es un acto de patriotismo.

En esa lógica, la profanación de la bandera nacional en un acto del Apruebo en Valparaíso el fin de semana recién pasado le ha venido como anillo al dedo al Rechazo y como un dolor de cabeza al Apruebo. Precisamente porque el Rechazo necesita convencer a la gente que la victoria del Apruebo no será un arbolito de Pascua sino un terremoto que amenazará la estabilidad del país, el campo de batalla en los últimos días se ha convertido más en una cuestión de defensa de los valores nacionales que en una oportunidad para invitar a soñar con los derechos sociales.

Por Patricio Navia, Doctor en Ciencia Política y profesor de la UDP, para El Líbero

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