El Banco Central publicó este miércoles la minuta de su última Reunión de Política Monetaria celebrada el 31 de agosto, la cual reveló que el ente rector consideró las opciones de elevar entre 50 y 75 puntos base (pb) la Tasa de Política Monetaria (TPM).

Esto debido a que el consejo estuvo de acuerdo en que “era necesario implementar un rápido ajuste del impulso monetario que la llevara – la TPM – a niveles en torno a su valor neutral hacia mediados del primer semestre de 2022”.

Contexto económico

Tal y como informó la entidad en su último informe, a economía chilena había experimentado una rápida recuperación de la recesión provocada por la pandemia del covid-19, la que había superado ampliamente las expectativas.

“Esta recuperación había sido posible por la capacidad de adaptación de empresas y personas y el gran avance del proceso de vacunación, que había permitido dar paso a un importante proceso de apertura. Todo esto había sido apuntalado por el gran despliegue de medidas de política, así como por un entorno internacional marcado por la acción simultánea de contención de la crisis, liderada por los bancos centrales y otras autoridades de las mayores economías del mundo”, explica el documento.

Asimismo, el BC señaló que la ampliación y persistencia de algunas medidas locales, combinadas con una propensión de los hogares a consumir los recursos de manea más elevada, habían tenido un impacto en el gasto privado que “superaba todas las previsiones”.

Esto en un contexto en el cual la oferta permanecía restringida, lo que modificó “significativamente la evaluación de las presiones inflacionarias que enfrentaba la economía, reflejándose en un aumento de la inflación y sus perspectivas inmediatas”.

En cuanto al escenario externo, la minuta explica que hubo un acuerdo del consejo en que no hubo mayores novedades en su evolución. Por un lado, persistían los problemas con las cadenas logísticas y la inflación tendía a aumentar moderadamente en la mayoría de los países, “mientras los precios de las materias primas se mantenían en niveles elevados”.

Por el contrario, respecto al escenario interno sí hubo consenso en que ofrecía cambios, relacionados con una recuperación parcial de la inversión y el dinamismo del consumo, impulsado por la inyección de liquidez a los hogares. “Si a esto se le agregaba la ampliación de las transferencias fiscales directas, se configuraba un cuadro donde la expansión del consumo era bastante mayor que lo considerado en el IPoM de junio”, resalta el BC.

En relación al mercado laboral, hubo un acuerdo en que, si bien hubo mejoras, aún quedaban brechas por cerrar, considerando que se apreciaba una recuperación prácticamente completa del empleo asalariado y una parcial del empleo por cuenta propia.

Sin embargo, las tasas de participación y las horas promedio trabajadas seguían bajo su tendencia, mientras una parte significativa de la población femenina se mantenía fuera de la fuerza de trabajo, y las vacantes disponibles habían aumentado.

Dado que además se resaltó, que en circunstancias normales, una rápida recuperación económica, en un contexto de fuertes alzas del precio del cobre, se habría traducido en una apreciación significativa del peso, “y no en la importante depreciación que se observaba”, el Consejo decidió que, a medida que lo peor de la pandemia iba quedando atrás, “también era razonable que las medidas desplegadas para enfrentar esta difícil situación se fuesen retirando”.

Todo con el objetivo de “evitar la acumulación de desequilibrios macroeconómicos que, entre otras consecuencias, podría provocar un aumento más persistente de la inflación excediendo la meta de 3% a dos años plazo”.

Las opciones

La interrogante estuvo en la velocidad a la que debían retirarse los estímulos. “El Consejo concordó en que, hasta la Reunión pasada, el conjunto de antecedentes era coherente con una reducción gradual y parcial del impulso monetario, que consideraba mantener la Tasa de Política Monetaria (TPM) por debajo de su nivel neutral por un tiempo prolongado. Sin embargo, la información conocida desde entonces había provocado un cambio en esta evaluación”, indica la minuta.

De este modo, varios consejeros apuntaron a incrementar la TPM en 75 pb, dado el escenario que se enfrentaba, en particular, porque los estímulos que pesaban sobre la economía ya eran muy significativos, por lo que su impacto “estaba siendo mayor que el anticipado y además el tamaño de dichas medidas se había ampliado”.

“Todo ello daba pie a un escenario donde la convergencia de la inflación a la meta se daba cercana al horizonte de política y donde dominaban los escenarios de riesgo al alza. Se añadía que el actual estímulo monetario no se condecía fácilmente con una economía que crecía a tasas de dos dígitos y que ya había cerrado la brecha de actividad, más allá de que algunos sectores mantuvieran rezagos”, argumentan.

En base aquello, esta opción permitía, a juicio de los expertos, ganar espacios frente a escenarios de sensibilidad donde la inflación fuera mayor.

Por otra parte, la alternativa de subir la TPM en 50 pb, “tenía la ventaja de ser la que esperaba el consenso del mercado y, por tanto, no sorprendería. Se añadió que sorprender con un alza mayor que la esperada podía tener un valor por su impacto en las expectativas de inflación, pero también podía tener un costo por la respuesta menos favorable de otros actores”.

Con todo, varios consejeros afirmaron que, si bien la decisión de aumentar 75 pb podía sorprender al mercado – dado que se trataba de la mayor alza desde agosto de 2001 – “era totalmente coherente con un escenario donde la inflación y el crecimiento proyectado también eran mayores que lo que el promedio de los analistas suponía”.

“Además, dicha opción tenía la ventaja de apoyar una comunicación más efectiva respecto de una trayectoria de tasa que era claramente superior a la que el mercado consideraba en ese momento”, concluye el comunicado.

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