Los recientes datos de actividad muestran que la economía chilena, tal como se esperaba, se encuentra en plena fase de enfriamiento. Resulta un tanto inoficioso a estas alturas discutir sobre qué tan brusca será la caída de 2023, porque lo que reflejan los indicadores de actividad es que la actividad local en los hechos ya habría entrado en recesión.

La producción industrial -que consolida la actividad minera, manufacturera y de electricidad, gas y agua- registró en noviembre una caída interanual de 5%, completando un semestre de caídas.  Este descenso estuvo explicado por el fuerte ajuste de la producción manufacturera, que retrocedió 7,8% en un año, la sexta caída consecutiva, y, en menor medida, por la disminución interanual de 3,2% de la producción minera.

Los datos del sector comercio muestran resultados peores. El índice de actividad del sector -que incluye ventas mayoristas y minoristas- registró una caída interanual de 9,3%, arrastrada por las ventas al por menor que anotaron una disminución de 15,2%, el peor desempeño en 28 meses. En este último ítem, sorprendió la disminución en las ventas de supermercados, que registraron un descenso interanual de 17,2%, el mayor desde que existen cifras comparables (enero de 2015).

Pese a que los datos del mercado laboral no reflejan todavía todos los efectos del enfriamiento, ya es posible percibir un estancamiento de la generación de puestos de trabajo. Además, la tasa de desempleo llegó en el trimestre septiembre-noviembre a 7,9%, un aumento de 0,4 puntos porcentuales en 12 meses, el primero en 19 meses. Al corregir por estacionalidad, el desempleo se elevó hasta 8,2%, el mayor nivel en 14 meses, con una desocupación femenina que escaló hasta el 9% -usando los datos desestacionalizados-, un salto de más de 1 punto en un año.

La tasa de ocupación -que mide empleos como proporción de la población en edad de trabajar- se mantiene en torno a 55,1%, por debajo del nivel que registró previo a la pandemia (58,2%). Es decir, para recuperar la tasa de ocupación es necesario crear 507 mil empleos adicionales, algo que parece muy difícil de lograr si la situación sigue empeorando para sectores intensivos en mano de obra como la construcción y el comercio.

Las autoridades económicas tienen el deber de aquilatar los efectos de la compleja situación en curso y revisar los efectos que las reformas propuestas pueden tener en profundizar la caída. Con el acuerdo constitucional en proceso de materialización, 2023 será otro año de incertidumbres asociadas a la redacción de la Carta Fundamental, por lo que conviene preguntarse si quienes toman decisiones de inversión resisten cambios muy profundos -y en simultáneo- en el esquema tributario, en los costos laborales, en el mercado de capitales o en el sistema previsional. El agravamiento de la situación sanitaria en China -y que ha provocado medidas de las principales economías del mundo en lo reciente- es otra señal de alerta que debe servir para moderar el impulso reformista y volcar los esfuerzos en conducir el difícil momento económico.

/EDitorial del diario La Tercera