Antipolítica u orfandad, el hecho es que estamos en tiempos de cambio. Y apostar al futuro hoy tiene sus riesgos. Algunos como Max Colodro, lo ven con suspicacia, en especial por la apuesta de que “todo lo que estamos destruyendo no tiene mucho valor” porque ya podremos rehacerlo “en el proceso constituyente”. Mientras otros como Daniel Matamala confían que el derrumbe del Antiguo régimen dará paso a uno nuevo y mejor tras la constituyente. “A rey muerto, rey puesto”. “La historia nos muestra que en tiempos de grandes crisis, los ciudadanos han votado con sabiduría”, asegura. La clave, para unos y otros es definir “sabiduría”.

Todo es tan frágil por estos días, que incluso a menos de 15 días de las inscripciones para las primarias presidenciales, todavía no es recomendable apostar a nombres. Lo decía el senador Jaime Quintana en una entrevista el fin de semana pasado: “Antes del 20 de mayor es posible cambiar jugadores”. Y su afirmación no es trivial en especial cuando vemos que los que están en la cancha no parecen rendir lo esperado, y otros que parecían fuera del partido, pareen dispuestos a entrar.

Lo dice Cristián Valenzuela en su columna del miércoles pasado en relación a Yasna Provoste: “La DC tiene un complejo dilema: o muere con las botas puestas defendiendo a su abanderada, o aprovecha esta tremenda oportunidad”. Porque en una semana en que el 4% de Provoste opacó a la candidata oficial del partido Ximena Rincón la pregunta inevitable es si ¿será tiempo de cambiar de jugador? O simplemente, como plantea Eugenio Rivera de la Fundación Chile 21 en otra columna, alargar el partido hasta el final, sin primarias de por medio. La ironía de todo esto, es que terminamos jugando con porcentajes que bordean el margen de error.

Es la tónica de los tiempos que vivimos, donde todo se desordenó o, como sostenía Gabriel Zaliaznik, uno donde alguien abrió la caja de Pandora de todos los males y no es posible cerrarla. Las elecciones del próximo fin de semana -y cito a los optmistas- podrían ayudar. Sólo ahí sabremos quién es quién y cuanto pesa cada uno. Finalmente podremos hablar con datos en la mano y no con prejuicios, como advierte Hans Rosling.

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