Este lunes se inscribieron las candidaturas para la elección presidencial, parlamentaria y de Cores. En esta columna me referiré solo a la presidencial; en la próxima les contaré la estrategia que denominamos Senatorial Top Ten.

Se inscribieron dos candidatos del sector. Los de derecha, como dice el propio José Antonio Kast, solo lo tienen a él. Por lo tanto, ya no tienen que votar por el mal menor. Los que somos de centroderecha, tampoco votaremos por el mal menor, porque tenemos a Sebastián Sichel, ya que se convirtió en nuestro abanderado después de triunfar en un proceso democrático e inesperadamente masivo. No solo ganó; arrasó. Su triunfo se debió a que votaron principalmente por él nuestros jóvenes y el mundo popular de derecha. Al menos, la UDI popular, que por cierto conozco, votó mayoritariamente por Sebastián. Derrotó, como independiente, a los tres candidatos de los partidos de ChileVamos, perdón, de Chile Podemos +. Entre paréntesis, qué cambio de nombre más malo y, por ende, inútil. Me recordó a mi Negrita.

¿Es preocupante llevar dos candidatos? No. Es mucho mejor. Así Sichel puede ganar el centro político, que hoy ha quedado totalmente abandonado y que es, finalmente, el que decide la elección. Ya señalé en una columna anterior que en esta elección ocurrirá lo mismo que el año 1999, y que denominé en esa época “el huracán Lagos-Lavín”. ¿Qué ocurrió en esa elección para los que ya lo olvidaron? La suma de los votos en primera vuelta de Ricardo Lagos (47,95%) y Joaquín Lavín (47,51%) fue de un 95,46%, y la de los otros cuatro candidatos -Gladys Marín (3,19%), Tomás Hirsch (0,51%), Sara Larraín (0,44%) y Arturo Frei (0,38%)- de tan solo 4,5%.

El “huracán Sichel- Boric” será de menor intensidad. Un buen meteorólogo lo estimaría entre un 85 a 90%. Eso es lo que ocurrirá. Es tan trascendental esta elección presidencial para el futuro del país, que la gente de derecha -y también la de izquierda- se volcará finalmente a los dos candidatos que obviamente pasarán a segunda vuelta y que no serán otros que los dos que ya la ciudadanía eligió, por amplia mayoría, en dos primarias muy masivas. La gente ya se pronunció. El mensaje fue claro y categórico. Rostros nuevos. Basta de los mismos de siempre. Dejen por favor de mirarse el ombligo. Chile cambió y para bien. Como los chilenos no quieren que el candidato del FA y el PC convierta a Chile en Venezuela, si sabemos leer y liderar el Chile de hoy, la centroderecha volverá a gobernar. Y si en vez de cambiar solo el nombre, refunda una nueva centroderecha post transición, pueden ser incluso varios periodos. Una Neo-Concertación.

Provoste, después de constatar que ni siquiera los militantes de su coalición salieron a votar, debió haber declinado y apoyar ahora a Boric y no después de la primera vuelta, como terminará haciéndolo. ¿Ustedes creen que verán alguna foto de algún candidato al parlamento del PR, PPD o del PS con Yasna? Ellos ya habían ido a votar por Boric, en la otra primaria, para que no saliera Jadue. Si ya el electorado DC el año 99 votó por el UDI Lavín, tengan claro que en esta vuelta estarán con mucho mayor entusiasmo por Sichel que por Provoste. Este nuevo error político de la DC hará que el FA y el PC termine finalmente por arrasar con lo poco y nada que va quedando de la exitosa Concertación en el Parlamento. Viene un big bang de partidos políticos. Al menos, el más grande desde que retornamos a la democracia.

Por último, dos hechos que para usted, que tal vez nunca ha sido candidato en una elección, le permitirán entender lo que ocurrirá en la presidencial de este año. Las elecciones siempre tienen energía. Los cementerios están llenos de candidatos que creían que no existía la energía política; otros que intuían que podía existir, pero no la descubrieron nunca; y tal vez son muchos más los que, con algo de soberbia, creen que su energía personal es muy superior a la energía política que nace de la ciudadanía, de la democracia. En la elección del 99, Gladys Marín marcó siempre sobre 8 puntos en todas las encuestas; en la semana final, se fueron al 3% que sacó. El voto útil de salvar a Lagos primó. En esa elección, era presidente de la UDI. Lagos y Lavín estaban técnicamente empatados. El segundo hecho fue que tomamos la decisión de pedirle a Arturo Frei que se bajara en favor de Lavín para intentar ganar la primera vuelta. Tuve un par de reuniones con su comando antes de que empezara la franja. Después de largas e intensas reuniones costó mucho que se abrieran a la idea, ya que, según ellos, sus encuestas les daban que no sacaban menos de un 7%. La siguiente reunión, después que habían lanzado una pegajosa canción en la franja, nos informaron que no se bajarían porque ahora marcaban sobre 10%. Como ya señalé, sacó 0,38%. Como diría el huaso, “más claro, échele agua”.

Finalmente, ya que también en una futura columna explicaré porqué la centroderecha tiene una oportunidad histórica de refundarse en la victoria y no en la derrota -ya que el problema no se soluciona cambiándose de nombre-, les cuento brevemente porqué con el cambio de ChileVamos a Chile Podemos + me acordé de mi Negrita. Debo confesar que soy adicto a las Negritas (me refiero a las galletas). Decidieron ponerle Chokita. ¿Han visto cambio de nombre más ridículo? No sabrán los ejecutivos, ejecutivas y ejecutives de la multinacional que popularmente en Chile se le dice choquitas a personas minusválidas, que no tienen una pierna o una oreja. Me parce muy ofensivo el nuevo nombre, a diferencia del anterior, que por cierto no lo era. Me tiene algo confundido el silencio de las feministas. El uso del lenguaje inclusivo, como le llaman hoy, ha llegado a extremos absurdos como el de este caso. Pero afortunadamente mi Negrita sigue siendo la misma. No sé si usted la pide con el nuevo nombre. Yo seguiré llamándola Negrita. Lo mismo ocurrirá con Chile Podemos +. Es el mismo producto, con otro nombre.

PD: Hace unos meses creamos una empresa que se llama Ecopoda. Su lema es: “Ecopoda, podemos más” (del verbo podar). Me imagino que el de ChileVamos viene del verbo poder.

Por Pablo Longueira, ingeniero civil industrial, para El Líbero

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