Hace algunos meses, cuando ‘La Abuela’ se encumbraba en las encuestas presidenciales, una pequeña barra en el extremo inferior derecho llamaba la atención de las redes sociales. Se trataba de un personaje que llevaba tiempo alejado de las cámaras, sumergido en las sombras de la esfera pública; se trataba del excandidato a la primera magistratura del país, Franco Parisi. Aún sin la ayuda de los medios, había un pequeño pero fiel grupo de personas que, aparentemente, lo seguía recordando, y veía en él a un líder que inspiraba confianza.

El domingo pasado, Parisi consolidó la confianza de esas voluntades e inscribió su nombre en la papeleta presidencial. Su vigencia se debe, en buena medida, a una constante e inteligente campaña de marketing en las redes sociales. Sin embargo, su cruzada no hubiese llegado a puerto sin una serie de factores que le permitieron arribar a donde se encuentra. Franco, inteligente y perspicaz, leyó bien el contexto y aprovechó las circunstancias para mantener su nombre rondando entre las mentes.

El desprecio de buena parte de la población a la clase dirigente tradicional, que se manifestó de manera clara en la elección de convencionales, coincidió con el discurso que el también otrora candidato a la Presidencia había argüido durante su primer intento por llegar a La Moneda. En dicha instancia sus dardos no solo apuntaron contra el entorno político, sino que también contra empresarios y periodistas.

El desdén que parte de la ciudadanía siente hacia la clase dirigente se tradujo además en una crisis de liderazgos. Si bien hay siete candidatos presidenciales, y tanto Sichel como Boric cuentan con un apoyo amplio en sus sectores, una parte no menor de la población parece desprovisto de alguien que los guíe. Franco identificó el vacío y, aprovechando la crisis de legitimidad, volvió a sacar toda su artillería. Sencillamente la misma que había utilizado en 2013.

A no equivocarse. Franco Parisi es un populista de manual. Surge cuando las instituciones están erosionadas; argumenta ser maltratado por la prensa y los empresarios; se declara un ‘outsider’; dice no ser de izquierda ni de derecha, sino que toma lo mejor de ambos lados; y propone soluciones sencillas a problemas complejos.

Su performance seguirá una línea similar a la que lo llevó a sacar un 10% de los votos en 2013, salvo por ciertas adaptaciones que, como buen profesor universitario, sabe hay que llevar a cabo cada cierto tiempo. Su carisma, jovial y ‘buena onda’, producto de sus años dando clases, también será una herramienta que lo hará crecer.to

/Escrito por Pablo San Martín para El Mostrador