Ningún triunfo en la elección de los primeros gobernadores regionales en nuestra historia democrática supera a la derrota de la participación. A quienes están sacando cuentas apresuradas con los resultados, cabe preguntarles si pueden proyectarse a la elección presidencial, cuando ayer participaron apenas 2 millones y medio de chilenos, menos del veinte por ciento del padrón electoral.

Lo que sí podemos concluir es el fuerte llamado de atención a Chile Vamos, cuando elige solo a un gobernador en todo el país y en una región como La Araucanía, que por razones obvias tiene un voto emblemático que clama Estado de Derecho y seguridad. El sector tiene dos caminos: sumirse en lamentaciones y ceder a la presión de algunos para dedicarse solo a salvar los muebles, o poner toda su energía para reconectar su proyecto político con la ciudadanía y desplegarse territorialmente. Porque tanto en la histórica abstención del domingo como en el voto de electores que optaron por respaldar a candidatos de la centroizquierda para impedir triunfos del Partido Comunista, hay una clara oportunidad: dentro de un mes, el peso de la participación en la primaria de Chile Vamos versus la del PC y el Frente Amplio será tanto o incluso más importante que quien resulte electo como su abanderado presidencial.

La segunda conclusión es el surgimiento de una disputa muy fuerte entre dos izquierdas. Una con débiles credenciales democráticas, que juega a la confrontación permanente y proclama la exclusión (por la razón o la fuerza) de quienes no comparten su visión ideológica. Y otra, que ha comprendido que debe marcar una diferencia, no solo advirtiendo el error de haberle cedido la interpretación histórica de lo ocurrido en Chile en los últimos 30 años a quienes son sus evidentes adversarios, sino también valorando con mayor nitidez la democracia con todas sus reglas, instituciones y contrapesos.

La elección de Claudio Orrego en la Región Metropolitana, enfrentado a Karina Oliva, que representó fielmente la narrativa de la exclusión y la confrontación, está anclada en esa disputa. Orrego gana con respaldo transversal y con mucha fuerza en las comunas más emblemáticas para la derecha, un hecho que el gobernador electo de la región más grande de Chile deberá tener presente forzosamente durante los próximos cuatro años.

Preceden a ese resultado dos momentos que prendieron las alarmas no solo de Unidad Constituyente, sino particularmente la de miles de electores que jamás votaron antes por un candidato DC. Primero, el humillante veto del Frente Amplio y el PC a la ex-Concertación, excluyéndola de la primaria presidencial. Y, sobre todo, el amplio despliegue en los medios y en redes sociales de 34 constituyentes de la Lista del Pueblo e independientes, llamando esta semana al “desborde” del proceso constitucional, a liberar a imputados por graves delitos y a incumplir las reglas del Acuerdo de noviembre de 2019.

Dos datos interesantes. Primero, la baja participación en la elección de una autoridad creada para responder a la demanda de las regiones por más autonomía y poder. Y luego, el triunfo en el Maule de Cristina Bravo, la candidata respaldada por la senadora Ximena Rincón; y la derrota en Atacama de Carlo Pezo, la carta que apoyaba la senadora Yasna Provoste. Con todo, no hay mucho misterio en la próxima proclamación de la presidenta del Senado como la candidata presidencial de la DC o, incluso, como la candidata única de Unidad Constituyente.

Por Isabel Plá para El Mercurio

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