Cualquiera que sueñe con ser futbolista se imagina carreras llenas de éxito y eso mismo pensaría Hervé Renard que le deparaba el mundo del balompié. Sin embargo, la realidad le deparó una corta trayectoria como jugador. Y habitualmente alejado de los grandes focos.

Debutó en el Cannes tras criarse en sus categorías inferiores. Allí llegó a debutar en la Primera División francesa, la Ligue 1. También coincidió con uno de los mejores jugadores de la historia como es Zinedine Zidane. Pese a compartir vestuarios con él, no se le pegó la clase del francés.

“Enfrentarme con los mejores jugadores hizo que me diera cuenta de que mi jerarquía era de tercera”, refrendó en su momento. Del Cannes pasó a equipos de menor categoría como el Stade de Vallauris y el SC Draguignan. En este último dio sus primeros pinitos como entrenador una vez superada la treintena.

Hervé Renard, dando instrucciones a los jugadores de Arabia Saudí.

Hervé Renard, dando instrucciones a los jugadores de Arabia Saudí. Europa Press

Mientras peleaba con hacerse un hueco en el mundo del fútbol, la vida le hacía exprimirse en la realidad más cruda. Se vio obligado a subirse a un camión de basuras para mantenerse económicamente al mismo tiempo que iba sumando escalones al otro lado de la línea de cal. Y no fue su única profesión alejada del deporte, también se enfundó el mono para convertirse en limpiador. Porque a veces para llegar al éxito hay que pasar por dificultades.

Y eso fue lo que llevó a Renard a buscar alternativas fueras del mundo del fútbol y así compaginarlo con su tarea de entrenador, intentando lograr un sueldo decente. Mientras ascendía divisiones con el modesto SC Draguignan, él lo complementaba con los cubos de basura hasta que sus éxitos le hicieron ir escalando poco a poco. Si Zidane se consagraba entre los mejores del mundo, él peleaba por sacar adelante su carrera compaginándola con las tareas de limpiador, y no se le cayeron los anillos por ello.

EL AMOR CAMBIA SU VIDA

Pero ahí apareció en su vida Viviane Dieye, viuda de otro seleccionador, de raza negra, guapísima, que conservaba en su casa una biblioteca impresionante de libros de su marido sobre fútbol y tácticas de juego.

Rebard se los leyó todos y se convenció que ese era su camino: ser entrenador de fútbol

La madre del seleccionador saudí, nacido en Aix-les-bagnes, trabajaba en un restaurante. Familia humilde. Le animaba su madre a que jugara a fútbol, lo hizo en Cannes junto a Zidane, pero no tenía calidad y cuando le llegó la oferta de irse de segundo entrenador a un equipo en Shanghay pensó que era mejor que conducir un camión de basura.

Allí empezó una vida de trotamundos que le llegó hasta África y a enamorarse de la luz de un continente único. Allí nació su hija. Allí quiere siempre volver, a su casa de Senegal junto al mar. Pero de momento tiene un empeño nada desdeñable: seguir en el Mundial de Qatar.