Acusación constitucional contra el Presidente de la República, cuarto retiro de los fondos de pensiones, revisión de los tratados de libre comercio, rechazo a kínder obligatorio, rechazo al proyecto de ley que pena el robo de madera, aprobación express de proyecto de ley que salva candidaturas impugnadas por Servel, proyecto de ley de indulto a los detenidos del estallido social… estos, entre muchos otros, esperan su momento de populismo para ser glorificados. Porque solo un ambiente populista extremado al máximo por las próximas elecciones presidenciales y parlamentarias permite ¿explicar? ¿justificar? iniciativas que solo generarán pobreza y miseria en nuestro país.

Sin siquiera entrar en el fondo del asunto, ¿qué sentido tiene una acusación constitucional a un presidente, con el objetivo de destituirlo del cargo, que se dirimirá a menos de 4 meses de su salida oficial?, ¿la revancha política vale el deterioro a la institucionalidad en nuestro país?, ¿vale la pena la inestabilidad, el riesgo político y el empobrecimiento de la imagen país que la acusación genera, cuando muy probablemente termine siendo rechazada en el Senado? Porque, el gustito que se quiere dar la oposición tiene costos, que no son sólo cualitativos, son cuantitativos. El aumento en la incertidumbre política del país, unido a la erosión de la institucionalidad, produce una fuga de capitales que incrementa el valor del dólar, generando inflación, que disminuye el poder de compra, especialmente el de la gente de menos recursos, además de afectar la inversión de largo plazo, lo que disminuirá la creación de empleos y el crecimiento del país en el mediano y largo plazo, condenando a muchos chilenos a permanecer en la pobreza. Obvio, ninguno de ellos está votando la acusación constitucional.

El cuarto retiro de los fondos de pensiones, por otro lado, evidencia el extremo del populismo y el oportunismo político, donde diputados y senadores, a sabiendas de los efectos inflacionarios, en el mercado de capitales y en las pensiones futuras de miles de chilenos, están dispuestos a sacrificar a sus mismos electores a cambio de ganar un voto más en el corto plazo. Tan fuerte es el efecto de este cuarto retiro sobre el mercado de capitales, que ya se hace difícil encontrar un crédito hipotecario a 20 años, e imposible a 30 años; si a eso agregamos el alza en las tasas de interés necesaria para frenar la inflación, el escenario se vuelve imposible para cualquier chileno de clase media que sueñe con su casa propia. Tan evidente es esto, que Boric, Provoste y otros conocidos senadores y diputados, ni si quiera se arrugaron para darse vuelta la chaqueta y, con ello, darle la espalda a los chilenos, condenándolos por un mísero voto. Vergüenza para ellos.

Más patético aún el rechazado proyecto de kínder obligatorio. ¿Qué derecho tienen los parlamentarios a cortar las alas de tantos niños chilenos, cuyas vidas habrían mejorado de haber accedido a educación a temprana edad? ¿Qué culpa tienen esos niños de las mezquindades de parlamentarios y candidatos a la presidencia, que priorizan el corto plazo y su propio bienestar? ¿Cómo es posible que tengamos de candidatos a la presidencia a un diputado, Boric, y una senadora, Provoste, que fueron capaces de sacrificar el bienestar de miles de niños para satisfacer sus propias aspiraciones electorales?

Es triste que muchos chilenos no tengan acceso ni tiempo para entender los efectos sobre sus propios niveles de vida de las decisiones que toman a quienes elegimos para dirigir nuestro país. Pero miseria humana es el que los parlamentarios y candidatos a la presidencia utilicen esa falta de información, mientan a los chilenos y engañen para ganar votos y satisfacer sus propios deseos de poder. Esa miseria, reflejada en todos los proyectos populistas que se han aprobado y que se están tramitando, tendrá como costo un Chile más pobre y un Chile menos feliz.

Esa miseria humana, reflejada en proyectos populistas que engañan a los ciudadanos con beneficios imposibles de lograr, nos está inflingiendo un costo gigantesco que pagaremos por muchos años más y que, como siempre, terminarán pagando con mucho más dolor los chilenos con menos recursos, con más pobreza y más desigualdad.

/Escrito por Michelle Labbé para El Líbero

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