La discusión del borrador de la constitución a ser plebiscitada el próximo 4 de septiembre se ha tomado la discusión pública en las últimas semanas y los seguirá haciendo, muy probablemente, hasta el mismo día del plebiscito.

En las discusiones públicas acerca de lo que incluye este borrador, muchos argumentan que el gran problema de nuestra sociedad es la segregación, y que ello no se daba antes en nuestra sociedad, en que al menos, todos iban al mismo colegio.

Mientras escuchaba por la radio esta discusión, me pregunté, porqué antes, ricos y pobres, todos se juntaban en el mismo liceo y hoy eso no sucede, y la respuesta acudió prístina a mi mente, porque hoy la educación pública es mala, y quien puede pagar para acceder a una mejor educación, lo hace. Así de simple.

Entonces ¿qué fue lo que hizo disminuir la calidad de la educación pública?, quizás existan razones adicionales, pero ciertamente una de las principales razones es que los liceos y colegios públicos no tienen competencia, no deben luchar día a día por sus recursos, pues el Estado se los provee sin importar sus resultados, a diferencia de los colegios subvencionados y privados, donde los ingresos del colegio dependen de la cantidad de alumnos que éstos sean capaces de captar y ello dependerá de los resultados educativos que obtiene el colegio.

Ello además de las innumerables trabas que hacen difícil, sino imposible medir el desempeño de los profesores, ni menos despedir a malos profesores en un colegio estatal.

La desigualdad sólo disminuirá si somos capaces de entregar una educación de calidad a todos los chilenos, no existe otra receta, y si los colegios públicos en Chile no entregan educación de calidad es imposible avanzar en emparejar la cancha.

Creo que hasta ahora no he dicho nada nuevo, sin embargo, el borrador de posible constitución, cuyo objetivo era eliminar privilegios y emparejar la cancha, hace exactamente lo contrario.

En efecto, el borrador elimina de facto los colegios subvencionados, por considerar que ellos lucran con la educación y que el lucro es malo – la ideología – , eliminando los únicos colegios que brindaban gratuitamente una mejor educación, y dejando toda la educación en manos del Estado, que ya ha demostrado ser un pésimo gestor educativo (cabe destacar que los señores constituyentes lucran felices de la vida con los sueldos que les pagamos por hacer este borrador, ahí no vale la ideología).

Lo mismo hace con la salud y con muchas actividades más, repitiendo el mismo concepto de traspasarlos desde el sector privado al público, y con ello, dejando en manos del Estado la mayor cantidad posible de actividades, actividades que el Estado realizará sin competencia, y por tanto sin necesidad de mejorar su calidad para acceder a sus clientes, pensando que esta vez el Estado sí lo hará bien, cuando un poquito de revisión de nuestra historia o de la del mundo sólo comprueba lo contrario.

Si de acuerdo a Einstein, “Locura es hacer lo mismo una y otra vez esperando obtener resultados diferentes”, el borrador de nueva constitución es un ensayo de locos, y no queremos que un ensayo de locos guíe el futuro de nuestro país.

Lamentablemente, en la redacción del borrador de nueva constitución, la ideología superó el raciocinio, y cuando la ideología supera a la razón, estamos destinados al fracaso.

/Escrito por Michelle Labbé para La Tercera

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