El interior de la Tierra se encuentra a miles de grados centígrados. Si pudiésemos aprovechar ese calor, obtendríamos una fuente limpia y casi inagotable de energía. O, al menos, esa es la teoría de la energía geotérmica, una renovable que en los últimos tiempos ha vuelto a ponerse de relevancia. La razón: la intención de una empresa llamada Quaise de cavar un agujero de 20 kilómetros para probar su tecnología y obtener toda la fuerza de las profundidades, convirtiendo las centrales clásicas de carbón en las de nueva era de energía geotérmica. Y todo en los próximos años.

No es la primera vez que se intenta. Los que más lejos llegaron fueron los soviéticos, quienes en los años setenta profundizaron hasta los 12,3 kilómetros bajo la superficie de la península de Kola utilizando potentes perforadoras. Sin embargo, el pozo -que se construyó con objetivos científicos, para estudiar la litosfera- quedó abandonado en 2008.

Se trata de una proeza de la ingeniería. De momento, las centrales geotérmicas, que profundizan mucho menos, aprovechan de zonas calientes cercanas a la superficie, como fallas tectónicas activas. Un ejemplo claro es Islandia, donde el 85% de su energía se produce así, aprovechando los cerca de 200 volcanes de su ‘caliente’ geología. Sin embargo, Quaise -que nació de la investigación de fusión nuclear en el Centro de Fusión y Ciencia del Plasma del MIT- afirma que su tecnología se podrá aplicar en cualquier lugar gracias a sus dispositivos, abaratando el coste de la electricidad a precios casi irrisorios en cualquier parte del globo.

Y las herramientas tienen que ser muy resistentes, soportando temperaturas superiores a los 180 grados Celsius y siendo capaces de triturar cualquier tipo de roca. Su solución: una vez llegado a un punto crítico, utilizar en vez de brocas -el sistema utilizado hasta ahora-, ondas milimétricas de radiación electromagnética que fuerzan a los átomos a fusionarse. Los dispositivos llamados girotrones -y que actualmente se utilizan en experimentos de energía de fusión y soportan hasta temperaturas de 500 grados Celsius- pueden producir eficientemente haces continuos de radiación electromagnética agitando electrones a alta velocidad dentro de poderosos campos magnéticos, algo así como ‘fundir’ la roca hasta llegar a estos lugares calientes, en los que se bombearía agua líquida que se convertiría en algo parecido a vapor, generando finalmente electricidad al salir a la superficie. Y quieren tener listo su sistema en 2026.

Pero su plan no acaba ahí: dos años después esperan poder hacerse cargo de las antiguas centrales eléctricas alimentadas con carbón, transformándolas en instalaciones alimentadas por vapor, apra aprovechar todo su potencial con un nuevo cometido. «La geotermia no requiere ningún combustible y no produce ningún desperdicio. Es verdaderamente renovable, abundante y equitativo para todos, incluso en los entornos energéticos más desafiantes», afirman en su página web.

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