La violencia es “la amenaza fantasma”, que según Carlos Correa obliga además a La Moneda “a lidiar con la incomprensión de sus propias filas”.

Es “el dolor de cabeza más intenso que tiene el gobierno” y que puede derivar en una enfermedad grave que ponga “en riesgo la democracia” o que nos lleve a terminar como “Colombia, México o El Salvador”.

Al final, quizá este es el verdadero punto de inflexión, el del riesgo de que la cosa se vuelva costumbre, como alertaba Oscar Contardo el domingo pasado, “porque cuando quienes representan al Estado pierden los papeles (…), cuando los gobiernos asumen que su rol es encogerse de hombros y limitarse a expresar profundas condolencias, uno se termina acostumbrando a cualquier cosa”.

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