Si de convención hablamos, la corte de los milagros de la que escribía Jocelyn-Holt siguió dando milagros, o acuerdos en este caso. Algo maquiavélicos dirán algunos. “El fin justifica los medios”, aseguran sus defensores, porque finalmente la apuesta era defender los 2/3 para la aprobación de las normas constitucionales –incluso si eso implica violar los 2/3 en la aprobación del reglamento. El problema, dirán otros, es que el tema ya estaba zanjado en la reforma constitucional que fijó las normas de la convención. Y incluso había advertido que modificar el quórum de los 2/3 podría significar que se acabe la convención”. A lo que el PC respondió que eso “era sólo ejemplo que ve con nostalgia la democracia de los acuerdos”. Dimes y diretes constitucionales. Agustín Squella

Pero si de números, cálculos y “maquiavelismos” se trata, el debate sobre el cuarto retiro de fondos de la AFP ha tenido un poco de todo eso. Y ha dado insumos para el debate. Para lo más “injusto y absurdo del cuarto retiro (…) queda claro al considerar que no beneficia a las mayorías -que ya no tienen ahorros previsionales-, pero sí golpeará sus bolsillos y mesas”. “¿Qué clase de monstruo moral es capaz de algo así?”, se pregunta. Uno “con sed de reelección”. Para él, estamos frente a “honorables vampiros” que de consumar “la infamia del cuarto retiro (…) buscarán cubrir sus huellas”. Pero el daño estará hecho y no habrá “perdón ni olvido” y “sus nombres estarán en cada diario, en cada esquina y en la mesa vacía de cada obrero”. Pablo Ortúzar

 

Y apunta a los parlamentarios de derecha que decidieron sumarse a esa idea. Decir que apoyando esa medida se demuestra que la preocupación de los pobres no es exclusiva de la izquierda es un “argumento intelectualmente mediocre y con un tufillo moralizante completamente falaz”. Porque “no existe preocupación social más eficaz que el manejo responsable y ordenado de las finanzas públicas, de los equilibrios macroeconómicos y, en este caso, de los ahorros previsionales”. Nada de buscar beneficios electorales con recetas populistas, apunta. “Una derecha populista es una bicicleta sin pedales”, escribe, una que solo conduce al “abandono de la centroderecha como opción cultural y política”. Gonzalo Cordero

 

En esa discusión pareciera, como apunta en su columna del lunes que el último bastión de la república es el Banco Central. Es la calidad de las instituciones la que explica el éxito económico de los países, escribe recordando la tesis de Acemoglu y Robinson en “¿Por qué fracasan las naciones?”. Y aquí pareciera que el BC es el único que sigue gozando de cierta credibilidad y prestigio. La advertencia sobre los costos que tendrá la inédita “expansión fiscal” hecha al “gobierno y a los parlamentarios”, “no cualquiera está en condiciones de hacerla, por carecer de la credibilidad, independencia y autonomía necesarias”. Y en eso –lo de la valoración del BC autónomo- parece que no está sólo. Un 70% defiende su autonomía, según . Hernán Cheyre.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera .

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