En 2019, los astrónomos vieron algo extraordinario adentrarse a toda velocidad en los dominios del Sol: un cometa procedente de otro sistema estelar. Bautizado como Borisov, aquella roca helada atravesó nuestro ‘patio trasero’ a casi 180.000 kilómetros por hora y se convirtió en el primer y único cometa interestelar jamás detectado por humanos.

Ahora, un nuevo estudio capitaneado por el astrónomo Amir Siraj y en el que también ha tomado parte Avi Loeb, ambos de la Universidad de Harvard, sostiene que esos “cometas extranjeros” podrían estar visitando nuestro sistema planetario mucho más a menudo de lo que los cientìficos creían. Y no solo eso, sino que la Nube de Oort, un enorme ‘depósito de cometas’ en los confines del Sistema Solar, podría estar literalmente lleno de objetos que, como Borisov, nacieron alrededor de otras estrellas. Hasta el punto que podría contener más material interestelar que doméstico. El trabajo de Siraj y Loeb acaba de publicarse en ‘ Monthly Notices of the Astronomical Journal’.

«Antes de la detección del primer cometa interestelar -afirma Siraj-, no teníamos idea de cuántos objetos interestelares había en nuestro Sistema Solar, pero la teoría sobre la formación de sistemas planetarios sugiere que debería haber menos visitantes que residentes permanentes. Ahora estamos descubriendo que podría haber muchos más visitantes».

Nombrada en honor al famoso astrónomo holandés Jan Oort, quien demostró por primera vez su existencia en la década de 1950, la Nube de Oort es una capa esférica de pequeños objetos (asteroides, cometas y escombros sobrantes de la formación del Sistema Solar), que se encuentra mucho más allá de la órbita de Neptuno. Se cree que el borde interior de la nube comienza a unas 2.000 unidades astronómicas (UA) del Sol, y que se extiende hasta unas 200.000 UA de distancia. (Una UA es la distancia media entre la Tierra y el Sol: alrededor 150 millones de kilómetros). Ni que decir tiene que ninguna nave espacial ha visitado nunca la Nube de Oort, y que la sonda Voyager 1, la nave humana que más lejos ha llegado en toda la historia, tardará aún cerca de 300 años en vislumbrar su región más cercana.

De hecho, los astrónomos tienen muy pocas herramientas con las que estudiar esa intrigante región del espacio, ya que los objetos en la Nube de Oort no brillan, y a la vez se encuentran demasiado lejos del Sol como para reflejar su luz. ¿Cómo pudieron entonces los científicos calcular la abundancia de objetos interestelares en la Nube de Oort?

Desde luego, los cálculos, según advierte el propio Siraj, contienen incertidumbres significativas. Pero incluso después de tomar eso en consideración, los investigadores creen que los visitantes interestelares prevalecen sobre los objetos nativos de nuestro propio sistemar.

«Digamos que observo un tramo de ferrocarril de una milla de largo durante todo un día -explica Siraj- y veo que un automóvil lo cruza. Puedo decir que, ese día, la tasa observada de automóviles que cruzan esa sección de ferrocarril fue de uno por día por milla. Pero si tengo una razón para creer que la observación no fue un evento único, digamos, al notar un par de pasos a nivel construidos para automóviles, entonces puedo dar un paso más y comenzar a sacar conclusiones estadísticas sobre la tasa general de automóviles que cruzan ese tramo de ferrocarril».

Lo mismo sucede con el cometa Borisov detectado en 2019. Para el investigador, «basándonos en la distancia a la que se detectó Borisov, estimamos la abundancia local implícita de cometas interestelares». De hecho, incluso la detección de un solo objeto se puede utilizar para el análisis estadístico gracias al llamado método de Poisson, que fue el que utilizaron los astrónomos y que calcula la probabilidad de que ocurra un evento en un intervalo fijo de tiempo y espacio desde el último evento similar.

De este modo, teniendo en cuenta la fuerza gravitacional del Sol, Siraj y Loeb lograron estimar la probabilidad de que un cometa interestelar se dirigiera a las proximidades de la Tierra. Y descubrieron que el número de cometas interestelares que atraviesan el Sistema Solar aumenta con la distancia al Sol. La conclusión, según Siraj, es que «en los confines del Sistema Solar, e incluso considerando las grandes incertidumbres asociadas con la abundancia de objetos similares a Borisov, los cometas interestelares transitorios deberían superar en número a los objetos (nativos) de la Nube de Oort».

Loeb, por su parte, añade que «los objetos interestelares en la región planetaria del Sistema Solar serían raros, pero nuestros resultados muestran claramente que son más comunes que el material del Sistema Solar en los rincones oscuros de la nube de Oort».

Pero si hay tantos visitantes interestelares, ¿por qué solo hemos visto uno? Según Siraj, sencillamente porque no disponemos de la tecnología adecuada. Así que habrá que esperar a que la nueva generación de telescopios y observatorios pueda confirmar la idea de los dos investigadores de Harvard. Entre esos nuevos instrumentos se encuentran, por ejemplo, el Observtorio Vera C. Rubin, cuyo lanzamiento está previsto para 2022, o la encuesta TAOS II, diseñada específicamente para detectar cometas en los confines del Sistema Solar y que está previsto que entre en funcionamiento dentro de un año.

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