La intención de la NASA es regresar a sus astronautas en los próximos años a la Luna para convertir nuestro satélite en una especie de ‘campo de pruebas’ previo a colonizar Marte, cuestión que está prevista que ocurra en la próxima década. Pero, después, ¿qué? Sobre esta cuestión han ahondado investigadores del Jet Propulsion Laboratory, dependiente de la agencia espacial estadounidense en un nuevo estudio compartido a través de la página de preimpresión ‘ ArXiv’ (es decir, la investigación aún no ha sido revisada por pares). La conclusión es que en menos de un siglo alcanzaremos las lunas de Júpiter y menos de dos décadas después llegaremos a las de Saturno, donde mundos tan prometedores como Europa o Encélado

Nos están esperando.

En el modelo se contemplan una serie de premisas: se parte de la base de que los primeros humanos llegarán a Marte en 2038, aparte de tener en cuenta tendencias históricas de los presupuestos espaciales de la NASA, las dinámicas de la producción científica anual, así como los adelantos previstos en el campo tecnológico. Con todos esos ‘ingredientes’, los autores crearon el ‘plan’ más allá de nuestro vecino, y que sitúa la siguiente parada en el cinturón de asteroides, una región situada entre el Planeta Rojo y Júpiter -y donde también se encuentra el planeta enano Ceres, un destino prometedor- entre 2071 y 2087.

El siguiente paso será Júpiter. Más bien sus lunas, ya que el gigante gaseoso tiene, a priori, menos oportunidades que sus satélites de albergar vida. Pero si buscamos entre ellos, encontramos a Europa, la luna más grande de todas, que esconde una corteza helada bajo la que podría haber bolsas de agua líquida que esculpen su superficie, según un reciente estudio. El modelo predice que nuestras primeras naves tripuladas podrían alcanzar el sistema joviano entre 2101 y 2121.

Y, según los autores, no habrá que esperar demasiado para el próximo ‘salto’, esta vez al sistema de Saturno: la primera tripulación humana podría llegar «para el año 2132», si bien «con una ventana de incertidumbre de 2129 a 2153». En ese ‘viaje inaugural’, quizá se elija a Encélado, otra luna helada, si bien más lejana, en la que se sabe que hay actividad geológica y posiblemente un océano global que se mantiene relativamente caliente debido a la más que probable presencia de fuentes hidrotermales, similares a las que existen en los fondos oceánicos de la Tierra.

«La exploración del espacio profundo ofrece una increíble oportunidad para la expansión de la humanidad y nuestra comprensión del Universo; sin embargo, sigue siendo un gran desafío -insisten los autores-. El progreso seguirá estando marcado por misiones no tripuladas seguidas de misiones tripuladas a destinos cada vez más lejanos», señalan. Parece que aún queda tiempo para convertirnos en una civilización interplanetaria. Pero puede que menos del que pensamos.

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