En 1995 un curioso personaje comenzó a acaparar las portadas de los medios de nuestro país. Si nombre era Hugo Muñoz Escobar, mejor conocido como el Profeta de Peñalolén, un fornido hombre de profusa barba y profunda voz que decía haber sido enviado por Dios para divulgar el mensaje divino y tener la mayor cantidad de esposas e hijos que pudiera, llegando a tener siete consortes y más de una treintena de descendientes, convirtiéndose por entonces en el primer caso de poligamia que salía a la luz pública en un país donde por entonces ni siquiera se había aprobado una ley de divorcio.

Autodenominado como el León de Judá o Jacob, Hugo Muñoz relató que cuando era joven y estaba casado con su primera esposa recibió una revelación divina por medio de un mensaje onírico.

“Dios me dijo en un sueño que yo era Jacob, el hombre redimido, y dejaba de ser Hugo Muñoz, el hombre natural, el pecador. Por mi investidura y conforme a las sagradas escrituras, mi identidad es la del señor Jacob, lo que me convierte en un profeta. Y de esa forma me empezó a llamar la prensa”, relataría el Profeta de Peñalolén, en una entrevista concedida al semanario The Clinic.

Muñoz, consultado cómo había llegado a tener tantas esposas, confesó que “Dios me dijo, conforme a las Sagradas Escrituras, que el hombre podía tener más de una mujer. Yo estaba con mi primera señora esposa en monogamia, cuando compartí con ella este mensaje divino. Ella decidió irse, pero Dios me dijo en un sueño, que no me preocupara porque ella volvería. Él me reveló que iba a enviar truenos, relámpagos, granizos y nieve al norte como señal. Y así fue. La señora Noemí partió a Calama y ese año hubo una tempestad en el desierto y nevó. Luego, a través de un sueño, Dios me dio a conocer a la otra esposa que iba a llegar. Dios me dijo: ‘Tú le hablarás y se abrirá a la fe, tendrá hijos contigo y vendrá con un nuevo nombre: Tamar’. Mi señora no la conocía y cuando volvió, vio que esa joven visitaba nuestras sesiones de culto y seguía el mensaje de Dios. Ahí mi señora recordó lo encomendado por el Señor y le dijo: ‘Mijita, usted es la otra esposa de mi marido’. Y ella dijo: ‘Sí, yo me quedo aquí’. Y mis otras esposas llegaron de forma semejante. A todas les habló Dios por medio de señales”.

Radicado en una parcela de la comuna de Peñalolén, en el sector alto de Santiago, en las faldas de la cordillera de los Andes, el profeta rebautizó a sus seis esposas (cuatro de ellas eran hermanas) con los nombres de las matriarcas bíblicas (Raquel, Agar, Rebeca, Tamar, Ester y Noemí ). Allí, ataviado con una túnica, recibía diariamente a personas que buscaban ayuda espiritual. El lugar, presumiblemente, se convirtió en lugar de peregrinación para los periodistas y miles de curiosos que se apersonaban allí para espiar a la extraña comunidad bíblica.

En su parcela, el Profeta también recibía generosas donaciones de sus acólitos, aunque Muñoz también costeaba sus ingentes gastos trabajando en un empresa de energía eléctrica.

El famoso polígamo de Peñalolén, por cierto, estaba en contra de los anticonceptivos y de la masturbación por considerarla una forma de aborto. “Todo sistema que se oponga a la concepción es un grave pecado y un delito a los ojos de Dios. Y estas personas están expuestas a recibir juicios repentinos y sorprendentes. Una mujer que lucha en la vida pero usa anticonceptivos o tratamientos que se opongan a la concepción, está expuesta a un juicio divino en cualquier momento de la vida, como podría ser un cáncer. Ninguna de mis esposas utiliza métodos anticonceptivos. Todas libremente han decidido tener a sus hijos”, relató el Profeta.

Las esposas del Profeta de Peñalolén casi no hablaban con extraños y, cuando había huéspedes en la parcela, se cubrían con un manto. Y si bien el caso de poligamia llegó a los Tribunales, fue desestimado por falta de méritos, pues las seis mujeres eran mayores de edad y convivían con Hugo Muñoz por voluntad propia.

La apacible vida del Profeta, sus seis esposas y sus hijos transcurría en aparente tranquilidad hasta que en el año 2011 la prensa informó que las seis mujeres habían escapado de la parcela, dando cuenta a la Justicia de los malos tratos a los que, supuestamente, las sometía el Profeta de Peñalolén. “Nos hacía trabajar como mulas y si algo no era de su gusto, nos golpeaba. Al principio lo veíamos como una figura divina, pero con el tiempo nos dimos cuenta que todo era mentira”, relató Inés Ramos de 34 años.

El profeta de Peñalolén, por entonces, comentó a la prensa que “el Señor me había avisado de la traición y ahora me anuncia que mi futuro está en Israel, donde tendré muchas esposas”. En todo caso, las seis esposas del profeta, que habían denunciado ser víctimas de violencia intrafamiliar, en la audiencia de formalización se retractaron y volvieron a su lado.

Para explicar las acusaciones de violencia intrafamiliar en contra de sus seis esposas, el Profeta se justificó diciendo que “había una persona en la parcela que les metía cosas en la cabeza y un día todas mis esposas me atacaron al mismo tiempo. No me quedó otra que defenderme porque todas ellas se me lanzaron encima. Pero, eso ya pasó hace mucho tiempo y estoy arrepentido de ese episodio”.

Un tiempo después, en el año 2013, Hugo Muñoz Escobar volvería a hacer noticia, luego que presentara en sociedad a su nueva esposa, de 18 años de edad, a quien llamó Asenat. Según confesó el Profeta de Peñalolén -quien con la llegada de Asenat ya completaba siete esposas y 36 hijos-, los propios padres de la joven se la “ofrecieron” cuando ella era todavía menor de edad.

En el año 2015 el Profeta de Peñalolén nuevamente apareció en los medios de prensa, tras ser detenido por conducir sin licencia y bajo los efectos del alcohol, por lo que debió pasar unos días en la cárcel. “No le doy a nadie esa terrible experiencia, realmente lo pasé mal. Cometí un error y pagué”, comentó Hugo Muñoz, en una reciente entrevista publicada por el diario La Cuarta.

Lo último que se supo de Hugo Muñoz Escobar, el Profeta de Peñalolén, es que actualmente vive solo en una pequeña habitación en la comuna de Pedro Aguirre Cerda. Allí vive acompañado de dos perros y apenas tiene contacto con sus 36 hijos, aunque asegura que mantiene una buena relación con las que fueron sus siete esposas. “Por todas ellas sentí el mismo amor. Siempre estuve y estoy enamorado de cada una. Ellas cambiaron mucho y lo entiendo, como todo ser humano. No sabría decir si estaban enamoradas de mí, pero me quisieron mucho. A ninguna la obligué a estar conmigo, Dios me las envió”.

Según el Profeta de Peñalolén, de actuales 65 años de edad y quien subsiste actualmente recibiendo una pensión y trabajando en una parcela del sector de Lomas de Lo Aguirre, la actual pandemia desatada por el coronavirus es un castigo divino porque la humanidad le dio la espalda a Dios. “El coronavirus es un juicio divino que está lejos de la comprensión de los científicos y de los mandatarios. No sabemos cuándo se va a detener, pero creo que mi fe me puede mantener a salvo de un contagio o de enfermar”, aseguró el hombre de profusa barba blanca, que en la segunda mitad de los años 90′ hiciera noticia por protagonizar el primer caso conocido de poligamia en nuestro país tras la vuelta a la democracia.

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