En política –como en economía- ,a veces, valen más las percepciones que la realidad. Y si bien aún no sabemos cuál será el resultado del 21 de noviembre próximo, crece la sensación de que el país terminará enfrentándose a una elección entre dos extremos, en la esquina izquierda Gabriel Boric y en la derecha, José Antonio Kast. Unos y otros dirán que extremos no son, pero al menos en el espectro de los postulantes a La Moneda con opciones de ganar se ubican en las antípodas. Será “un choque de trenes”, como escribió Héctor Soto el domingo pasado. Un escenario polarizado que no debería sorprender. Es tendencia mundial, después de todo.

Estamos ad portas, según Soto, de una “experiencia que ya la vivió Estados Unidos con Trump, Brasil con Bolsonaro y Perú con Pedro Castillo”. Y va incluso más allá. “La radicalización y la creciente desconfianza en los mecanismos de la democracia liberal están en el aire”, recuerda. Una realidad que, apunta, el mundo no enfrentaba desde los años 30 del siglo pasado, “cuando medio mundo, con la sola excepción de Inglaterra y Estados Unidos, sucumbió al hechizo de los totalitarismos, de los populismos o de los cuarteles”. Y todos sabemos cómo terminó eso. Aunque hay que agrega que en el caso chileno ayudó la ley del péndulo. De la violencia al orden.

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