Durante unos tensos días en enero, el asteroide recién descubierto 2022 AE1, de 70 metros de longitud, se convirtió casi de repente en el más peligroso de la última década: los primeros análisis indicaron un potencial impacto con la Tierra el 4 de julio de 2023. Un año y medio que se quedaba corto para aplicar cualquier estrategia pensada para desviar la órbita de asteroides o cometas peligrosos. A pesar de que toda la historia pueda parecer un guion que mezcla diferentes taquilleras películas de ciencia ficción, este capítulo ha ocurrido de verdad. Hace apenas unos meses, la Agencia Espacial Europea (ESA) -en el papel de protagonista- encontró este cuerpo espacial, y los cálculos indicaban que, en efecto, el choque se produciría.

En el escenario Pulverize It, un asteroide que se dirige a la Tierra sería golpeado con un impactador que tenía una serie de varillas, algunas con explosivos. El asteroide, o cometa, se rompería en pedazos más pequeños que representan una amenaza menor
En el escenario Pulverize It, un asteroide que se dirige a la Tierra sería golpeado con un impactador que tenía una serie de varillas, algunas con explosivos. El asteroide, o cometa, se rompería en pedazos más pequeños que representan una amenaza menor – Lubin/Grupo de Cosmología Experimental, UCSB

Sin embargo, tras analizarlos en profundidad, la ESA determinó que el asteroide sí pasará ‘cerca’, pero de forma segura a unos 10 millones de kilómetros, más de 20 veces la distancia de la Luna.

Aunque este capítulo ha tenido un final feliz, la probabilidad de que ocurra un evento similar existe. En la última década, las principales agencias espaciales se han empezado a tomar muy en serio la defensa planetaria: no en vano existen miles de millones de objetos en el espacio que podrían causar un daño que va desde la inhabilitación de los satélites al fin de la vida en la Tierra, como ya demostrase el meteorito que acabó con los dinosarios hace 66 millones de años. Es por ello que existen varias propuestas para hacer frente a un posible evento de este tipo: desde impactadores cinéticos (la misión DART de la NASA está en camino para probar esta tecnología) a ojivas nucleares. Ahora, la agencia espacial estadounidese acaba de incluir en su Programa de Conceptos Avanzados e Innovadores (NIAC) de la NASA uno nuevo: hacer explotar en miles de pedazos al cuerpo espacial que nos amenaza.

Un plan ‘in extremis’

El plan, desarrollado por el equipo de Philip Lubin, de la Universidad de California Santa Bárbara, consiste en, básicamente, colocar en la trayectoria del asteroide o cometa un conjunto de barras que, al impactar frontalmente contra el objeto a gran velocidad, penetrarían en él. Después de la inserción, detonarían, provocando que el cuerpo se rompiese en fragmentos más pequeños. La técnica, bautizada como PI-Terminal Defense for Humanity (‘PI’ como contracción de ‘Pulverize It’ o ‘pulverizarlo’), podría aplicarse para objetos de 50 metros de diámetro sería de 5 horas antes del impacto, y de 60 días antes del impacto para objetos de 1 kilómetro de diámetro.

Es decir, al contrario que el resto de planes que pretenden desviar la trayectoria del asteroide y que necesitan de al menos varios años de programación y desarrollo, además de una distancia bastante grande, PI acortaría a horas y kilómetros la reacción. Pero con restricciones: el tiempo necesario para destruir un objeto aumentaría conforme lo hace el tamaño del mismo, y también aumentaría la distancia mínima a la que se podría aplicar esta técnica. Este es uno de los factores que hacen que el plan sea más controlable a menores distancias, pues en esos casos nos enfrentaríamos a objetos de menor tamaño, que se romperían en trozos más pequeños. Sus creadores publicaron su idea en el sitio de preimpresión ‘ ArXiv’.

«Se trata de un método que, según el autor, podría funcionar en situaciones en las que no habría tiempo suficiente para reaccionar con las tecnologías que hasta ahora se habían considerado y que se están empezando a ensayar para protegernos de impactos de grandes objetos», explica a ABC José María Madiedo, astrofísico del Instituto de Astrofísica de Andalucía IAA-CSIC. «Sin embargo, este innovador método, siguiendo los procedimientos de NIAC, debe revisarse y someterse a posteriores estudios para comprobar si finalmente es o no viable. No se trata, por tanto, de algo que se pueda aplicar a corto o medio plazo».

Los inconvenientes de PI

Porque este plan, aunque interesante, aún cuenta con algunos escollos que a día de hoy serían un grave problema. Por ejemplo, el autor reconoce que habría que desarrollar algún material con el que construir dichas barras, que colisionarían contra el asteroide o cometa en condiciones de hipervelocidad (más de 40.000 kilómetros por hora). «De acuerdo con nuestra experiencia actual en colisiones en condiciones de hipervelocidad, los materiales se pulverizan o vaporizan al instante en el punto de impacto, sin que consigan penetrar lo suficiente en el cuerpo contra el que colisionan. Esto supone un enorme reto que esta técnica tendría que superar», afirma Madiedo.

Y la idea en sí también sería peligrosa. Porque detonar un cuerpo y crear miles de pequeños trozos descontrolados podría seguir significando una amenaza. Como ejemplo: el meteorito que cayó sobre la ciudad de Chelyabinsk tenía 17 metros de longitud y provocó una energía equivalente a treinta bombas atómicas como la de Hiroshima, provocando daños en miles de edificios. «En efecto, no podríamos controlar la trayectoria que seguiría cada fragmento -indica el astrofísico del IAA-CSIC-. Algunos modificarían su rumbo lo suficiente como para no impactar contra la Tierra. Otros mantendrían su trayectoria prácticamente intacta y acabarían entrando en la atmósfera terrestre. El autor del trabajo considera que esos fragmentos serían lo suficientemente pequeños (10 metros de diámetro a lo sumo) como para que la atmósfera pueda desintegrarlos antes de que impacten contra el suelo. Sin embargo uno de los puntos débiles de este método está en que es imposible saber cómo exactamente se va a romper el objeto, pues no se conoce ni cómo es su interior ni cómo de resistente es. Y si se generan fragmentos de gran tamaño nos podríamos encontrar con un gran problema».

Y, a pesar de todo, este método no sería válido para asteroides o cometas mayores de un kilómetro. Así que, de momento, este plan tampoco sería efectivo para acabar con la amenaza de un meteorito de la misma envergadura que el que acabó con los dinosaurios, que tenía un diámetro diez veces mayor.

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