Para Paula Walker, sin embargo, el problema es otro, un asunto generacional.

“La discriminación por edad, que se conoce como edadismo, ocurre de lado y lado”, apunta. Y eso se da para ambos lados, porque mientras el gobierno “ancla su fortaleza en que son jóvenes y que incluso tienen una escala de valores distinta a la de sus antecesores, la clase política aludida esgrime que estamos frente a un gobierno ‘en práctica’ por su edad”.

Es verdad que las actuales autoridades hacen lo suyo con “desprolijidad”, abriendo “flancos” y sucumbiendo a los “eslogans”, apunta Walker, por eso lo que falta, más allá de “desafiar con entusiasmo lo que se hacía antes”, es hacerlo “prolijamente y cautelar que así suceda”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera Por Juan Paulo Iglesias

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