Pero volviendo a las predicciones electorales, éstas parecen ser otra muestra de lo impredecible de la política chilena. Si en julio, tras el resultado de las primarias, todos parecieron celebrar lo que parecía una inclinación del electorado hacia la moderación, hoy son los extremos los que ganan terreno. Jugar a la lotería electoral en el Chile actual es riesgoso. Y ya sin encuestas disponibles –por impedimento legal- todo se vuelve más difuso, como escribe Carlos Correa el lunes pasado. El problema, según él, es que “en una elección con las arenas tan movedizas, quemar los termómetros como lo hizo el legislador echa a perder más el ambiente”. Habrá más incertezas, dice. Y ansiedad, podríamos agregar. Lo único que se sabe hasta ahora es que “pareciera una elección polarizada” y que, “el clivaje orden versus cambio” es, aparentemente, el que la está guiando.

Ese –el eje inseguridad-seguridad- es para Ascanio Cavallo la “única explicación teórica” para entender el “agudo cuadro de polarización” de la presidencial. Y no sólo en el orden público, sino también en la economía. Se ha reducido el campo de batalla y pareciera que ahí se está jugando todo. Y volviendo a los gatos de John Gray, ahí crece la ansiedad e incluso la angustia. Finalmente, las emociones básicas son las que terminan moviendo a los electores en los últimos tramos de campaña. La ironía de todo esto, al menos para un sector, como lo desliza Cavallo, es que “el que siembra vientos” consecha tempestades. O como lo dice Héctor Soto: “Quienes agradecieron lo que la violencia les hizo ganar, ahora se conduelen de lo que puede hacerles perder”.

/boletín semanal de Opinión de La Tercera

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