Un equipo de investigadores presentó el 13 de junio, en la 240ª reunión de la Sociedad Astronómica de EE.UU., el primer modelo tridimensional de la estrella VY Canis Majoris, que ofrece una visión “sin precedentes” de la muerte de la hipergigante roja, informó recientemente la Universidad de Arizona.

De acuerdo al comunicado, para explorar los mecanismos que provocan la pérdida de la masa de la estrella hasta el final de su vida, los astrónomos se dieron a la tarea de rastrear ciertas moléculas detectadas alrededor de la hipergigante y, apoyados en imágenes tomadas por el telescopio espacial Hubble, mapearlas.

En este contexto, los científicos usaron el telescopio chileno Atacama Large Millimeter Array (ALMA, por sus siglas en inglés), para rastrear una variedad de moléculas expulsadas por el cuerpo celeste desde su superficie. Al posicionar las 48 antenas de radio del ALMA en diferentes configuraciones, lograron obtener información sobre los vectores descritos por las moléculas y mapearlas detalladamente a través de las diferentes regiones alrededor de VY Canis Majoris, incluso correlacionándolas con diferentes eventos de eyección de masa a lo largo del tiempo.

Comparación entre VY Canis Majoris y nuestro Sol. Wikipedia

A pesar de que algunas de las observaciones aún siguen en marcha, aseguran los expertos, “obtuvieron mapas preliminares de óxido de azufre, dióxido de azufre, óxido de silicio, óxido de fósforo y cloruro de sodio”, a partir de los cuales lograron construir “una imagen de la estructura global del flujo molecular de salida de VY Canis Majoris en escalas que abarcan todo el material expulsado de la estrella”.

A diferencia de las estrellas de menor masa, explican los expertos de la universidad, las hipergigantes “tienden a experimentar eventos de pérdida de masa sustanciales esporádicos que forman estructuras complejas y muy irregulares compuestas por arcos, grupos y nudos”, que pueden extenderse por millones de kilómetros.

Según detalla Lucy Ziurys, coautora del estudio, la hipergigante roja en cuestión se sitúa a unos 3.009 años luz de la Tierra, en la constelación de Canis Major. De acuerdo a las estimaciones, esta cuenta con un tamaño de entre 10.000 y 15.000 unidades astronómicas –una unidad astronómica equivale a la distancia media entre la Tierra y el Sol–, lo que la convierte en una de las estrellas más masivas de la Vía Láctea.

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