Todo depende de donde se mire. En especial al leer la última edición de la revista The Economist que titula un artículo sobre Chile como “el país que alguna vez fue considerado la Finlandia de América Latina”. Queríamos ser Finlandia y ya lo eramos, dirán algunos, con cierta ironía trágica frente al momento actual. El punto lo recuerda Gabriel Zaliasnik en su última columna, recordando ese cuento de Edgar Allan Poe sobre “la máscara de la muerte roja”, esa que se infiltra en una fiesta de disfraces y nadie la reconoce hasta que ya es demasiado tarde. Y para él la pregunta es si ante la próxima elección, “Chile optará por el camino de la libertad y el estado de derecho, o se dejará llevar por esta fiesta interminable de violencia y destrucción”.

 Ese parece ser el dilema para unos y otros, pese a que unos y otros interpretan de distintas maneras las palabras. Quedó claro esta semana con dos columnas tituladas Libertad. La de Daniel Matamala que apunta a las libertades amenazas por el programa de José Antonio Kast, para quien, dice, “la libertad es una moneda de una sola cara: la económica”, no la de “las minorías sexuales”, la “de pensamiento” o la “de los refugiados”. Y la de Cristián Valenzuela, que, en cambio, asegura que “la libertad tiene muchas caras y la más importante es invisibilizada en el discurso de muchos candidatos”, esa según él que no tienen las personas que “viven secuestradas en los barrios sitiados por el narcotráfico” o “los afectados por la violencia de los vándalos”.

 Ya lo dijo Manon Roland antes de ser guillotinada, “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”. O como decía Gandhi, la libertad no es tal si no hay libertad para equivocarse, aunque algunos dirán que el costo del error puede ser demasiado alto. Pero errores más, errores menos, el desenlace electoral es impredecible y detrás de eso, según Carlos Meléndez, están las escasas simpatías partidarias que hay en Chile. Nada de adscribirse a un partido. Más libres que nunca, parece que las simpatías de los chilenos fluctúan “con mayor variabilidad” y pueden “cambiar a ultima hora”. Y eso nos instala ante otro dilema: hoy “es más fácil saber lo que no se quiere a saber lo que se quiere”, lo que hace variar “hasta último minuto las opciones electorales”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera .

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