Es lamentable, pero las generaciones jóvenes parecen desconocer la fábula de la Cigarra y la Hormiga, atribuida a Esopo, que nos enseña la importante virtud de la prudencia y del hábito de ahorrar para los momentos difíciles. La historia termina mal para la Cigarra, quien al preocuparse sólo del bienestar presente, no tuvo cómo pasar el frío del invierno, mientras la hormiga, que había sido denostada por su esfuerzo y prudencia, no estuvo dispuesta a socorrerla.

Todo indica que como país nos hemos convertido en una Cigarra, y peor aún, ya que no sólo no estamos guardando para el invierno, sino que además nos estamos gastando lo que habíamos logrado ahorrar cuando intentamos ser hormigas en el pasado. Aún así, habiendo retirado más de US$ 50.000 millones de nuestras futuras pensiones, y con un gasto público que podría crecer al ritmo más elevado desde la Unidad Popular, todo sigue pareciendo poco. Nuevamente empieza la presión por retiros adicionales de los fondos de pensiones, junto con la extensión de ayudas generosas y universales, a pesar de que Chile es uno de los países más exitosos del mundo en el control de la pandemia, lo que permite ir recuperando la normalidad. Con las elecciones por delante, oficialismo y oposición están unidos en la meta de profundizar la fiesta de consumo que estamos viviendo.

Este año la economía va a crecer a la tasa más alta del último cuarto de siglo, empujada por una base de comparación reducida, un aumento importante del precio del cobre y de otros productos de exportación, una política monetaria expansiva, y una política fiscal a la que el calificativo de expansiva le queda corto. Si las ayudas se mantienen hasta diciembre, el crecimiento del gasto fiscal podría acercarse a un 40% y el déficit fiscal podría llegar a un 10% del PIB. $1 de cada $3 gastados se están financiando con deuda y venta de activos soberanos, para llegar con ayudas a personas y familias que en la mayoría de los casos no enfrentan un deterioro de su situación. Pero eso no es todo, ya que además se han suspendido pagos de cuentas de servicios básicos y de arriendos. El Congreso tramita actualmente 107 proyectos de ley que buscan de distintas formas que las personas puedan suspender sus obligaciones de pago. Se llega entonces a la situación absurda de que el Estado entrega recursos a las personas para que puedan hacer frente a sus gastos, pero además busca liberarlas de parte de estos. No es de extrañar entonces que a pesar de que la situación sanitaria sea bastante mejor a la que enfrentamos hace un par de meses, la población laboralmente inactiva esté aumentando. La reciente encuesta del INE mostró que los autodenominados inactivos habituales llegaron a un nivel récord histórico de 5,8 millones. El número de ocupados se estanca frente a aumentos importantes de los niveles de actividad, y no porque no haya ofertas de trabajo, sino porque faltan trabajadores dispuestos a tomarlas. Muchos se sienten definitivamente como cigarras, pensando que siempre habrá hormigas que las alimenten y protejan en los inviernos. Y es que ese es además el mensaje que vende parte importante del mundo político: el Estado debe resolver todos los problemas de las personas, y puede endeudarse para hacerlo. Obviamente, se olvidan de la segunda parte; cuando el Estado “resuelve” nuestros problemas, lo hace con nuestros propios recursos.

¿Qué nos pasó? ¿Cuándo nos olvidamos de que el desarrollo exige disciplina, esfuerzo, cumplimiento de compromisos y precaver para el futuro? Es muy preocupante lo que está pasando, sin duda el invierno se vendrá duro más adelante, y es probable que la hormiga no esté dispuesta a abrirnos la puerta.

/Escrito para El Líbero por María Cecilia Cifuentes, Economista