¿Será simple consecuencia de las épocas de crisis, cuando las formas se corroen, como escribe Joaquín Trujillo, y proliferan sus enemigos? Para él, el argumento de estos “enemigos de las formas” es que “la situación que se vive es tan excepcional, tan especial, tan rara, todo es tan impreciso, que ya ninguna forma es válida, todas ellas están caducas, ahora lo que importa es el contenido”.

O como dice Gonzalo Cordero, evidencia de un país donde “los símbolos patrios ya no encarnan la unidad cultural, histórica y política de Chile”, y “los derechos que son fundamentales para algunos no lo son para otros”. Consecuencia de los “tiempos interesantes” que nos toca vivir.

/boletín semanal de Opinión de La Tercera

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