Pero si se trata de “padres” al que más tinta destinaron los columnistas en estos días fue a Ricardo Lagos, conciencia moral de la política para algunos y encarnación de todos los males para otros. Lógicas de la polarización, que, como apunta Ascanio Cavallo, se potencian con “el efecto divisivo que tiene el tipo electoral del plebiscito”. El asunto, agrega, es que Lagos se ha negado a entrar en ese juego porque “ha constatado que los votantes netos de Apruebo o Rechazo son rara avis”. Al final lo que hay son matices. “Los expresidentes suelen comprender que su papel está con el futuro del país”, escribe. Por eso, que la izquierda, que lo ha atacado en forma inclemente desde que dejó el poder, le exija hoy una opinión simplificada no sólo es “infamante” si no “frívola”.

Boletín semanal de Opinión de La Tercera .

Por Juan Paulo Iglesias

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