Los debates presidenciales no definen las elecciones, pero sin duda pueden influir en ellas, incluso considerablemente. Se suman así a otro conjunto de factores que contribuyen a la decisión de los ciudadanos en los procesos electorales: la calidad de los candidatos, la fortaleza de los partidos, la amplitud de las coaliciones, la nitidez del mensaje, el momento histórico, el ciclo político, la franja electoral y tantas otras cosas que influyen para definir los resultados de una elección presidencial o parlamentaria.

El pasado miércoles 22 de septiembre se realizó el primer debate presidencial para los comicios del próximo 21 de noviembre. A dos meses de la histórica jornada, no cabe duda que existen muchas expectativas sobre lo que va a ocurrir en el país, si bien todavía no hay suficiente ambiente de campaña, que recién está comenzando, tanto en el camino para llegar a La Moneda como a nivel parlamentario.

En el debate de CNN Chile y Chilevisión estuvieron presentes cinco de los siete postulantes: Gabriel Boric (Apruebo Dignidad), Sebastián Sichel (Chile Podemos Más), Yasna Provoste (Nuevo Pacto Social), José Antonio Kast (Partido Republicano) y Eduardo Artés (Unión Patriótica). En esta ocasión no participaron, por diferentes razones, Marco Enríquez-Ominami (Partido Progresista) y Franco Parisi (Partido de la Gente). El debate estuvo conducido por Daniel Matamala y Mónica Rincón.

Un primer aspecto que llamó la atención fue el modelo del debate, que esta vez contempló más interacción entre los candidatos, de forma que unos preguntaban a otros, sobre temas de interés, aparentes contradicciones, errores y otros asuntos. Como sabemos, los distintos postulantes no llegaban en la misma situación, sino que las encuestas los sitúan en lugares distintos y con posibilidades también diversas para llegar a la Primera Magistratura. El candidato de la izquierda Gabriel Boric se mantiene como la figura con más posibilidades de triunfar en noviembre, seguido por Sebastián Sichel. Llama la atención que en el tercer lugar se ubiquen José Antonio Kast y Yasna Provoste, con números relativamente equilibrados, lo que muestra la caída electoral de la antigua Concertación y la consolidación de Kast como alternativa política. Eduardo Artés, como sabemos, ni siquiera marca en las encuestas, al igual que en la elección pasada, cuando apenas alcanzó el 0,51% de los votos.

Las evaluaciones del debate han sido relativamente coincidentes en algunos aspectos, de acuerdo a lo comentado por los especialistas y figuras de los diferentes sectores políticos. Una primera lectura de lo acontecido en la ocasión muestra un resultado favorable para Boric y Kast, por razones diferentes. En el caso de Boric, al estar en el primer lugar y con distancia sobre los demás competidores, tiene como tarea principal conservar ese puesto y su presentación se realizó sin caídas, sin errores manifiestos y donde pudo exponer su visión del país y de su programa con claridad y elocuencia. El caso de Kast fue distinto, pues tiene dos desafíos principales. El primero es conservar y eventualmente aumentar su votación de la elección de 2017, cuando obtuvo 523.213 votos, que representaban el 7,93%; el segundo –que solo pensaban sus partidarios más convencidos– es buscar la posibilidad de pasar a la segunda vuelta. Después del debate la situación ha cambiado, y si bien es muy prematuro todavía, es evidente que fue uno de los ganadores de jornada: logró conservar la calma, instaló algunos temas, interpeló a sus adversarios y provocó la percepción de que se había instalado como alternativa, apelando a votos que podrían considerarse tradicionales de la derecha, pero también a otros cansados con la delincuencia y de problemas que no aparecen habitualmente en la discusión pública.

La situación de Sebastián Sichel y de Yasna Provoste, por el contrario, transcurrió en otra dirección. Ambos tienen una responsabilidad muy importante, que determina la forma como deben conducir sus respectivas campañas y la participación en los debates: su tarea es conquistar un lugar preeminente, lo más cerca de Boric o incluso superándolo en el caso de Sichel, o bien creciendo electoralmente para poder pasar a segunda vuelta en el caso de Provoste. Resulta claro que ninguna de las dos situaciones se produjo, e incluso se podría decir ambos se alejaron –al menos en cierta medida– de la las posiciones que ostentaban antes del debate, aunque de diferente forma.

Durante las primarias de Chile Vamos Sebastián Sichel mostró capacidad política, renovación generacional y un proyecto atractivo, que lo llevó a ganar esa elección, al punto de lograr él solo casi la misma votación que obtuvieron en conjunto sus tres contrincantes: Mario Desbordes (Renovación Nacional), Joaquín Lavín (UDI) e Ignacio Briones (Evopoli). Eso, sumado a la enorme movilización de más de un millón trescientos mil votos, permitió abrigar esperanzas de una posible victoria en noviembre, a pesar de los paupérrimos resultados obtenidos por la centroderecha el 15 y 16 de mayo en la elección para la Convención Constituyente. Parece que Sichel –si efectivamente quiere volver a posicionarse como una alternativa real y convincente, equivalente a Boric como mostraron algunas encuestas después de las primarias de ambos conglomerados–, debe asumir mayores riesgos y no entrar tan contenido a los debates. Es preciso que efectivamente aparezca como un líder que junto con ser una alternativa frente a la izquierda logre poner en marcha los resortes dormidos del progreso económico y social de Chile. No se trata de salir a captar el “voto duro” de la derecha, como algunos suelen entender, pero la apelación a la unidad y la falta de interpelación efectiva y potente a Boric pueden terminar costándole caro al candidato de Chile Podemos Más.

El caso de Provoste es distinto, y su situación tiene que ver en gran medida con la experiencia reciente de la Concertación de Partidos por la Democracia y su incapacidad para organizar las primarias, respetar los acuerdos y resoluciones internas, definir un programa coherente con su historia y renovar los liderazgos. En la práctica, representa a una centroizquierda deteriorada, superada ampliamente por el Frente Amplio e incluso por el Partido Comunista. Si bien su opción es alcanzar a Sichel y pasar a segunda vuelta como alternativa a Boric, en la práctica se levanta con una postura de izquierda que le compite al líder frenteamplista desde lejos, sin posibilidad real de desbancarlo. Los errores puntuales, sus enojos y forma de buscar información son solo detalles frente al tema de fondo que representa el término histórico de la Concertación.

En cualquier caso, todavía queda mucho tiempo y varios debates. La gente no toma la decisión solo por estas discusiones y, por otra parte, la cantidad de personas que vieron este primer debate no fue suficiente como para definir los comicios. En adelante habrá que ver otros factores, entre los que serán relevantes los descuelgues de apoyos políticos, las variaciones en la opinión pública y el siempre interesante problema del voto útil, que podría darse especialmente entre los partidarios de la centroderecha. Por último, no debe descartarse la influencia de los comicios parlamentarios, y el aporte que deberían hacer los buenos candidatos o el perjuicio que provocarán los más débiles. Si una semana en política es mucho tiempo, a dos meses plazo todavía es muy difícil hacer predicciones definitivas.

Por Alejandro San Francisco, profesor de la U. San Sebastián y la UC. Director de Formación del Instituto Res Publica. Director general de “Historia de Chile 1960-2010” (USS), para El Líbero

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