De manera sigilosa, pero sostenida. Así se puede describir la trayectoria al alza que ha tenido el precio de las bencinas en los últimos meses. Esta senda comenzó el 14 de diciembre del año pasado y ya completó 16 semanas consecutivas de incrementos.

En el desglose, la gasolina de 93 octanos cruzó esta semana la barrera de los $800 promedio por litro en la Región Metropolitana, alineándose con lo que ya sucedía en todo el resto del país. La de 95 octanos, en tanto, está rozando los $830, mientras que la de 97 octanos se disparó y llega ya a cerca de $875. Todas, además, se encuentran en sus niveles máximos desde hace un año.

En Chile, según cifras de la Superintendencia de Electricidad y Combustibles (SEC), el 53% de la bencina consumida es de 93 octanos, mientras que un 23% es de 95 octanos y un 24% de 97 octanos.

La principal explicación de esta alza de las gasolinas es el incremento del precio del petróleo a nivel internacional, el que pasó desde los US$40 por barril a fines de 2020, hasta algo más de US$60 actualmente.

De acuerdo a Luis Gonzales, Coordinador Económico de Cambio Climatico, Energia y Medio Ambiente de Clapes UC, “este comportamiento, combinado con otras variables importantes como el tipo de cambio y el sistema de traspaso de precios al mercado interno, han generado el incremento sostenido de los precio de las bencinas”.

¿Por qué sube el petróleo?

En marzo, los precios del crudo tuvieron un fuerte impulso, con el barril acercándose a los US$70, debido a las decisiones adoptadas por sus más relevantes productores y a las perspectivas de que se normalice la movilidad en la era pospandémica. El Brent tocó un techo de US$69,63 a principios de este mes y el WTI de US$66,09. Este rally poco a poco se comenzó a moderar y hoy los valores se sitúan en US$61,8 y US$58,43, respectivamente.

Tomás Flores, economista de Libertad y Desarrollo (LyD), subraya que “las tormentas que afectaron el Golfo de México detuvieron varias refinerías, por lo cual, a pesar de que el precio del petróleo crudo ha tenido alzas y bajas, los combustibles refinados subieron bastante de debido a esta reducción de inventarios”.

La perspectiva es incierta considerando el fuerte rebrote de la pandemia en Europa y Estados Unidos, lo que hace que la demanda se frene nuevamente. Es más, los mercados petroleros están indicando que la demanda es más baja, mucho más que el mercado de futuros.

Pese a esta desaceleración del precio, las proyecciones para las bencinas son al alza en el corto plazo. “A futuro, considerando el promedio del tipo de cambio de la última semana y la forma que tiene de operar el Mepco -mecanismo de moderación de los precios-, se espera al menos dos semanas más de alzas”, acota Gonzales.

No obstante, Flores enfatiza que “en la medida que la refinación retorne a la actividad normal, deberíamos ver una moderación en el precio. Ahora bien, en la medida que avance la vacunación en el mundo, a pesar de las cuarentenas actuales, tendremos un segundo semestre con una reactivación que elevará nuevamente el valor del petróleo”.

Impacto en la inflación

El alza de precios del petróleo impacta a las bencinas y este, a su vez, al Índice de Precios al Consumidor (IPC). Gonzales afirma que en febrero “vimos una variación de 2,9% del precio de gasolinas, que provocó el aumento en 0,06 punto porcentual en la inflación del mes, que registró un IPC de 0,2%”. En marzo, en tanto, añade que ya se registra una variación de 3,4% del precio promedio de gasolinas.

En ese contexto, para este mes las expectativas de IPC se sitúan en 0,5%, afectadas precisamente por este componente y por la estacionalidad habitual del mes, sumado a los alimentos. “Un incremento de 10% (de las gasolinas) en el año, podría agregar a lo menos dos décimas a la inflación total del 2021”, puntualiza Flores.

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