Desde que el hombre tomo conciencia de la existencia de otros mundos, siempre se preguntó si es posible la existencia de vida fuera de la Tierra.

Ilustración artística de un sistema planetario estelar. El viento estelar alrededor de la estrella y el efecto en la atmósfera del planeta son visibles (AIP/ K. RIEBE/ J. FOHLMEISTER)

Miles de millones de soles como el nuestro y otros tantos miles de millones de planetas que los orbitan nos hacen tener esperanzas de que la respuesta es rotundamente afirmativa. Pero como el Universo es tan antiguo, vasto y las distancias son tan grandes, el sí que confirme algún vestigio de vida extraterrestre aún se hace esperar.

A través de misiones interplanetarias con sondas que visitaron todos los planetas de nuestro Sistema Solar y hasta robots que se posaron en algunos cuerpos celestes, como Venus, Marte y Titán, la luna mayor de Saturno, siempre se han tratado de hallar muestras de vida extraterrestre. La búsqueda también se realiza por medio de observaciones desde la Tierra y el espacio, con los cada vez más avanzados super telescopios terrestres y espaciales.

Cada vez más robots llegan a Marte en un intento de saber más sobre sus condiciones de habitabilidad

En la meta de conseguir respuestas que ayuden a comprender los últimos avances en esta búsqueda permanente de vida fuera de nuestro mundo y también para aclarar muchas fake news y confusiones que se publican diariamente, el Planetario de la Ciudad de Buenos Aires, Galileo Galilei, organizó días atrás una interesante charla titulada: “Habitabilidad en el Sistema Solar y en Sistemas Extrasolares”, con la participación de los expertos César Bertucci, astrónomo argentino investigador en el CONICET y el Instituto de Astronomía y Física del Espacio (IAFE) y Ximena Abrevaya, Licenciada y Doctora en Ciencias Biológicas por la Universidad de Buenos Aires e investigadora adjunta del CONICET en el IAFE.

Del encuentro, coordinado por Gabriel Bengochea, Licenciado y Doctor en Ciencias Físicas de la Universidad de Buenos Aires y la doctora en Física Estefanía Coluccio Leskow, también gerenta operativa del Planetario de Buenos Aires, participó Infobae, y muchas personas que se acercaron con entrada libre y gratuita, a buscar respuestas a la gran pregunta que el hombre se ha hecho desde hace milenios.

“Si miramos el universo observable notamos que existen millones de millones de galaxias. Y tras ello surge la pregunta: ¿cómo podemos hacer para determinar en qué lugares del universo existirían más chances de que haya vida? Su respuesta viene ligada al concepto definido por la ciencia que se llama habitabilidad, y se trata de saber qué conjunto de condiciones son necesarias para que exista vida. Sabemos que habitable es aquello que tiene condiciones aptas para la vida. Pero saber qué tipo de vida es más complejo, ya que nuestro único ejemplo de vida, hasta el momento es la vida terrestre”, comenzó su presentación la doctora Abrevaya.

Nuevos hallazgos sugieren que hay planetas habitables fuera del sistema solar. La imagen muestra una comparación entre el sistema de exoplanetas de la estrella L 98-59 (arriba) con una parte del Sistema Solar interior (Mercurio, Venus y la Tierra), y pone de relieve las similitudes que existen entre los dos sistemas. Imagen cedida por el Observatorio Austral Europeo (ESO). EFE

Y agregó: “De esta manera, nos tenemos que basar en el concepto y ejemplo de la vida terrestre para buscar vida en otros lugares. Las condiciones que requiere la vida terrestre son un planeta rocoso y sólido. De esta manera, no estaríamos buscando vida en un planeta gaseoso. También sabemos que la vida necesita agua líquida, y que requiere de moléculas orgánicas de fuentes de energía y de condiciones ambientales que sean adecuadas, con ciertos rangos de temperatura apropiados. Además, hay que considerar otras condiciones más complejas, como la radiación que las estrellas producen en los planetas que orbitan esos soles, lo que puede de alguna manera influir en las chances de que haya vida”.

Abrevaya también apuntó a la posible vida fuera de nuestro Sistema Solar, con la búsqueda de signos en exoplanetas distantes. “En el universo tenemos distintos tipos de estrellas con sistemas planetarios. El tipo de estrellas que nos interesan desde el punto de vista de la búsqueda de vida son aquellas estrechas que cumplen la condición de que tienen que tener tiempos de vida media de un mínimo de mil millones de años”.

Y completo: “La vida necesitó como mínimo mil millones de años para desarrollarse. Esa es al menos la hipótesis que tenemos bastante hasta este momento. Por ejemplo de nuestra galaxia Vía Láctea, podemos encontrar zonas que podrían ser más aptas para la vida como la zona central por las características que posee. Además, en la zona más externa de la galaxia falta elementos clave para formación de los planetas rocosos”.

Venus esconde una gran cantidad de información que podría ayudarnos a comprender mejor la Tierra y los exoplanetas. El JPL de la NASA está diseñando conceptos de misión para sobrevivir a las temperaturas extremas y la presión atmosférica del planeta. POLITICA INVESTIGACIÓN Y TECNOLOGÍA NASA/JPL-CALTECH

“Con respecto a los planetas también podemos establecer ciertas zonas que serían más aptas para la vida. Esas zonas tienen que ver con la posibilidad de que exista agua líquida en la superficie del planeta y por lo tanto no tienen que ser ni muy cercana, ni muy lejana a la estrella que orbita, para que permita la existencia de agua en estado líquido. Igualmente, esto no alcanza para decirnos si un planeta es habitable o no porque hay otras condiciones que se deben cumplir. También hay una expansión de cuerpos planetarios considerados habitables, que no solo son planetas, sino por ejemplo lunas de muchos planetas de nuestro propio Sistema Solar, catalogadas como candidatas potenciales para albergar vida”, agregó la experta.

Abrevaya comentó que trabaja en un área que se llama astrobiología. “En los laboratorios tratamos de reproducir ciertas condiciones de radiación en distintos microorganismos y en base a eso hacemos injerencias. Extrapolamos lo que podría llegar a ocurrir en un escenario distante para observar cómo podrían sobrevivir esos organismos con niveles altos de radiación y cómo podría adaptarse la vida a esas condiciones extremas”, finalizó la especialista.

Vida en la Tierra y ¿más allá?

La inteligencia artificial no descarta la vida en otros planetas y tiene su opinión al respecto. (IA de Bing)

A continuación el astrónomo Bertucci expuso su presentación en la que buscó explicar las particulares condiciones que deben coincidir en el espacio para que haya vida.

“La Tierra tiene vida y la vida es algo abundante y en todos lados tenemos distintas especies que van desde vida microbiana hasta nosotros los humanos pasando por hongos, plantas animales insectos. Lo que nos pasa hoy es que tratamos de extrapolar a otros planetas las condiciones que permiten la vida en el nuestro. Entonces tenemos un sesgo de origen con el que tenemos que lidiar con el que tenemos que vivir. Así, los científicos, nos ponemos a pensar cuáles son los ingredientes mínimos que la vida en la Tierra necesita para sobrevivir y encontramos básicamente tres elementos”, comenzó su exposición Bertucci.

Bertucci describió: 1) Una fuente de energía, como una estrella o el núcleo mismo de un planeta que irradie calor; 2) Comida para vivir, que son los famosos nutrientes que se pueden resumir en seis elementos básicos para la vida o llamados CHONPS por sus siglas (carbono, hidrógeno, oxígeno, nitrógeno fósforo y azufre) y 3) el agua líquida, que es el elemento más difícil de hallar. No en estado gaseoso o sólido, sino en estado líquido.

Plumas de agua se elevan sobre la superficie de Encelado, la luna de Saturno (NASA / AFP)

“Y eso no es fácil de encontrar en el sistema solar. Por ejemplo, en la luna Encelado de Saturno existe agua líquida, pero está por debajo de una capa de hielo que la envuelve. Sabemos que está en estado líquido porque Encelado emana chorros de agua en forma de plumas que se escapan al espacio a través de grietas. Eso lo pudimos captar gracias a la misión Cassini de la cual puede participar. Sin viajar tan lejos, el agua la podemos observar en tres planetas. Venus, la Tierra y Marte”, afirmó Bertucci.

“¿Qué necesitamos para tener agua líquida sobre la superficie?”, se preguntó el experto. Y contestó: “Una atmósfera, que además debe tener ciertas características. Por ejemplo, Venus tiene una atmósfera mucho más densa que la de la Tierra, con más gas alrededor. Pero su composición química con altos niveles de dióxido de carbono, genera un efecto invernadero tan importante que tiene temperaturas promedio de 300 grados centígrados. Esto es más caliente que cualquier horno doméstico que tengamos para cocinar. Entonces bajo esas condiciones el agua en la superficie de Venus no puede ser líquida”.

“En el caso de Marte tenemos otro problema. Está mucho más lejos del Sol y la atmósfera es mucho más tenue. Eso es en parte por la historia de Marte y por su menor tamaño. También es más fría. Y esa combinación de temperatura y presión hace que no se permita tener agua líquida y entonces el agua se comporta como un sólido o como vapor. Y sublima como sublima el hielo seco cuando compramos un helado. Entonces también en Marte hay un problema con el agua líquida”, sostuvo Bertucci, quien mostró las últimas fotografías de la NASA en la que se observan cuencas y lechos de antiguos ríos que surcaron la superficie marciana.

Deltas y cursos de ríos antiguos fueron fotografiados por sondas espaciales y recorridos por rovers de la NASA (NASA/JPL-Caltech/Handout)

“Las cuencas sabemos que tardan millones de años en formarse y generar este tipo de accidentes geográficos que hoy se fotografían. Así, Marte era un planeta habitable con agua líquida en su superficie. Pero en la misma algo pasó a lo largo de su historia que hizo que su clima cambiara tan drásticamente. Pensamos que algo le pasó a su atmósfera que permitía calentar a Marte al punto de tener una temperatura ideal para que tuviese agua líquida. Existen dos mecanismos para hacer que una atmósfera desaparezca. El primer mecanismo consiste en el efecto de la luz del sol ultravioleta, que incide sobre las moléculas de aire y agua y las calienta, haciendo que esas partículas aumenten su velocidad y escapen al espacio. Es un efecto físico y lo llamamos escape térmico”, indicó Bertucci.

Y completó: “Además hay otro mecanismo de escape que nosotros llamamos no térmico y tiene que ver con el viento solar, que es un gas que emana del Sol además de la luz, que consiste en electrones y protones, que viajan a una velocidad de 400 km por segundo. Ese viento solar interactúa con los planetas, como si fueran bolas de billar, transfiriéndoles movimiento y energía. Lo que pasa es que en el espacio, las partículas no chocan, sino que impactan a través de campos magnéticos eléctricos”.

El campo magnético terrestre nos protege de la radiación solar (NASA)

¿Entonces cómo podríamos impedir que el viento solar en particular pudiera llegar hasta la atmósfera de un planeta? “Un método es que ese planeta tenga un campo magnético importante como el que tiene la Tierra, que genere una fuerza que lo que hace es impedir que las partículas de viento solar lleguen a la atmósfera. Teniendo en cuenta eso, el ser humano está enviando sondas a distintos planetas para aprender qué es lo que pasa cuando tenemos un campo magnético y cuando no”, indicó el astrónomo, quien precisó que existen al momento 5500 exoplanetas descubiertos por distintos telescopios espaciales, en los cuáles podremos estudiar si tienen campos magnéticos que puedan bloquear el viento solar de sus estrellas y así proteger una atmósfera que garantice las condiciones necesarias para desarrollar vida.

Bertucci explicó que su grupo de trabajo profundiza investigaciones sobre habitabilidad en distintos sistemas solares, teniendo en cuenta la influencia de la radiación estelar y la posibilidad de que la misma llegue a esos cuerpos celestes distantes.

“Hacemos experimentos científicos en laboratorio y armamos una especie de rompecabezas con distintos expertos de otras disciplinas para ir construyendo teorías sobre habitabilidad en otros mundos”, concluyó el experto.

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