La figura de Michelle Bachelet vuelve a resonar con fuerza en el escenario político chileno. A pesar de que ha reiterado que no planea postular nuevamente a la Presidencia, el oficialismo no deja de contemplarla como una carta competitiva frente a Evelyn Matthei. La exmandataria aparece como una alternativa de unidad para el progresismo, en momentos en que figuras como Carolina Tohá no logran consolidar respaldo ciudadano en las encuestas.

Bachelet ha mantenido el suspenso sobre su futuro político. En enero recordó que el presidente brasileño Lula da Silva la instó a considerar una nueva postulación, aludiendo a su satisfacción con su propio tercer mandato. No es la primera vez que Bachelet deja abierta esa posibilidad. En 2013, tras negarlo públicamente, regresó al país y lanzó su campaña presidencial, que culminó en un triunfo ampliamente anunciado.

Su retorno ese año marcó también un punto de inflexión: impulsó la creación de la Nueva Mayoría, que reemplazó a la Concertación e incorporó por primera vez al Partido Comunista (PC). Ese giro hacia la izquierda, que se evidenció tanto en el discurso como en sus alianzas, dejó a varios sectores del socialismo tradicional desplazados, y posicionó a nuevos actores como el PC y el naciente Frente Amplio.

Del pacto electoral al poder institucional

El primer gesto concreto de Bachelet hacia el PC se remonta a 2009, cuando desde La Moneda respaldó un acuerdo por omisión entre la Concertación y el PC, lo que permitió que este último volviera al Congreso después de décadas de exclusión. Ese apoyo estratégico, calificado por ella como un paso hacia una democracia más representativa, fue clave para abrirle espacio al PC en el poder institucional.

En su segundo mandato, Bachelet consolidó esa relación al integrar por primera vez a ministros comunistas en su gabinete, como Claudia Pascual y Marcos Barraza, marcando un hito en la historia política reciente.

La apertura al Frente Amplio

Paralelamente, Bachelet también tendió puentes con líderes del movimiento estudiantil de 2011, algunos de los cuales posteriormente fundarían Revolución Democrática y el Frente Amplio. En 2013 facilitó el camino a Giorgio Jackson, Camila Vallejo y Karol Cariola al Congreso, pidiendo a partidos tradicionales que no compitieran contra ellos en sus distritos.

Ya en el gobierno, dio espacio a cuadros de esta nueva izquierda en ministerios como Educación, donde Miguel Crispi –actual asesor clave del presidente Boric– colaboró con Nicolás Eyzaguirre. El vínculo se estrechó con el tiempo y, aunque Boric había sido uno de los más críticos de Bachelet durante sus años de estudiante, terminó visitándola en 2021 para sumar su apoyo en segunda vuelta frente a José Antonio Kast.

Desde entonces, Bachelet ha mantenido contacto constante con el Mandatario y ha participado en actos relevantes del gobierno, consolidándose como una figura de consulta y respaldo en momentos complejos.

Una eventual candidatura con respaldo amplio

Hoy, sectores del Socialismo Democrático, el Frente Amplio y el PC ven con buenos ojos una eventual postulación de Bachelet, valorando su liderazgo como un elemento de unidad para el oficialismo. Según analistas como Óscar Guillermo Garretón, su figura representa más al progresismo que al reformismo tradicional concertacionista. Incluso hay quienes ven en ella la posibilidad de preservar y profundizar el legado de Boric en caso de un nuevo mandato.

Mientras algunos aún esperan que en marzo despeje la incógnita sobre su futuro político, lo que es claro es que Michelle Bachelet ha sido una figura clave en el reposicionamiento de la izquierda chilena en el poder.

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