Regreso a la actividad pública
Michelle Bachelet pone fin este 3 de marzo a sus vacaciones en su residencia de Lago Caburgua, retomando sus labores en la fundación Horizonte Ciudadano, organización que lidera desde 2018 para promover políticas progresistas. Su retorno a Santiago coincide con una agenda política intensa, incluyendo un esperado encuentro con la directiva del Partido Socialista (PS), donde se espera que aclare sus intenciones electorales.

Reunión clave con el PS
La cita con los socialistas, inicialmente pactada para después del 16 de marzo (fecha de las elecciones internas del partido), cobra especial relevancia. Los militantes esperan que la expresidenta despeje las dudas sobre una eventual tercera candidatura a La Moneda, luego de que en enero revelara que Lula da Silva le sugirió competir nuevamente.

Sin embargo, el panorama se complica por los plazos ajustados: Bachelet tiene previstos viajes a México, Nueva York y Europa en marzo como vicepresidenta del Club de Madrid, lo que reduciría su disponibilidad para negociaciones políticas.

Tohá avanza sin esperarla
Mientras el PS evalúa su estrategia, la ministra Carolina Tohá habría decidido no aguardar por Bachelet y prepara su salida del gabinete para lanzar su propia candidatura. Aunque las encuestas no la favorecen —en febrero apenas alcanzaba un 13% en preferencias, igual que Bachelet—, su movimiento refleja la urgencia del oficialismo por definir un liderazgo ante el avance de la derecha.

¿Presión partidaria vs. cautela de su círculo?
Los socialistas ven en Bachelet una figura capaz de unificar al oficialismo, especialmente tras el repunte de Yasna Provoste (13%) y la fragmentación de la derecha (con Kast, Matthei y Kaiser compitiendo). No obstante, sus asesores más cercanos —como Eolo Díaz-Tendero y Ana Lya Uriarte— mantienen reservas, argumentando que una campaña sería desgastante y con riesgos altos, dada la ventaja de Matthei (20%) y los ataques previsibles a su legado.

El dilema final
Con el reloj en marcha, la decisión de Bachelet podría definir el futuro del bloque oficialista. Si declina, el PS y el PPD deberán acelerar apoyos alternativos; si acepta, reactivaría una carrera donde, pese a los desafíos, sigue siendo la figura mejor posicionada de su coalición.

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