El apagón de esta semana evidenció lo vulnerables que somos como país, vulnerabilidad que cruza lo político, económico, social y, ni que decir, la seguridad nacional. En lo político, somos testigos de fragilidad del estado de derecho, de un poder judicial debilitado y de corrupción descontrolada, amén de una clase política que vive en el limbo. En lo económico y social, la vulnerabilidad está dada por una economía “quebrada” y por la nula solución a los problemas en salud y educación… ¡para qué seguir!

En materia de seguridad ni hablar, una falla en el sistema interconectado de electricidad puso al país en jaque, por largas horas el territorio nacional estuvo a ciegas y sin conexión, todo el país alarmado sin saber qué pasaba. ¿Cómo no pensar que, producto de vulnerabilidades como la vivida, un acto terrorista o una “mano mora” pueden ponernos en una situación inimaginable en materia de seguridad nacional?

Se han dicho muchas cosas, se han dado explicaciones técnicas, se culpan unos a otros, se dice que había informes advirtiendo sobre la posibilidad que esto ocurriera, se ofrecen las penas del infierno a quienes resulten responsables (¿ha escuchado esta frase antes?), pero lo más seguro es que en pocos días más pasará al olvido, como todos “los gaps” de este gobierno.

Pero, a juicio de esta pluma, lo que no puede pasar desapercibido es que fueron las Fuerzas Armadas, Carabineros de Chile y la PDI los que, en forma oportuna, tomaron el control de la situación y le dieron seguridad a la población que los militares evitarían los desmanes vividos en el terremoto del 2010, especialmente en Concepción, donde todo fue un caos; allí los saqueos se descontrolaron al punto que los barrios se temían entre sí y, en virtud de ese miedo mutuo, se pasaron varias noches en vela esperando que la autoridad se decidiera a actuar.

Qué duda cabe que alguien, seguramente algún mando militar, le recomendó al Presidente que adoptara la decisión de decretar estado de emergencia, imponer toque de queda y sacar en forma inmediata a las Fuerzas Armadas y a las Policías para garantizar el orden y la seguridad de la ciudadanía, decisión que la Presidente Bachelet no se atrevió a adoptar el 2010 hasta que la situación se le escapó de las manos.

Dejando de lado los análisis sobre el apagón y la búsqueda de responsable, hay que decirlo con toda claridad, la decisión del Presidente de sacar a las FFAA y de Orden fue acertada, porque se evitó que la delincuencia y el lumpen se tomaran las calles saqueando lo que se les pusiera por delante.

Otra cosa es preguntarse ¿cuánto le dolió al Presidente tomar la medida? ¡Que le dolió, le dolió!, porque no hay nada más contrario a sus principios de “izquierdista progresista” que recurrir a los militares cuando hay que poner orden y restablecer el derecho. Eso explica por qué estaba tan indignado… claro, indignado por tener que recurrir a los militares y no por otra cosa.

Por Cristián Labbé Galilea

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