Mientras el presidente estadounidense Donald Trump presentaba una ola de nuevos aranceles que golpearán a todos sus socios comerciales -incluido Chile-, provocó aplausos y risas de sus asesores y simpatizantes en la Rosaleda de la Casa Blanca.
Para los economistas, los mercados y buena parte del mundo, había muy poco que celebrar.
Con los nuevos impuestos a las importaciones que Trump y sus asesores han presentado explícitamente como diseñados para redibujar el orden global, se está enviando un shock a la economía mundial.
Se trata de una conmoción que sacudirá por igual a aliados de Estados Unidos y a rivales existenciales como China. También pondrá a prueba la resiliencia de una economía estadounidense cuyas probabilidades de recesión o estanflación acaban de aumentar.
A continuación, ocho claves de la guerra comercial iniciada por Estados Unidos:
¿Qué hay detrás?
En la década de los 80, el entonces joven empresario inmobiliario Donald Trump indicaba que había perjuicios para Estados Unidos por la arremetida de importaciones de la entonces ascendente economía japonesa.
Tres décadas después, fijó su atención en China, pero también en la Unión Europea, a todos los cuales impuso sobretasas en su primer mandato. En su más reciente campaña presidencial, su visión se intensificó: a su juicio, «aliados y enemigos» se han aprovechado de EE.UU. imponiendo aranceles y barreras.
Para Trump, los aranceles son un instrumento que permitiría «castigar» aquel comportamiento, pese a que la teoría económica plantea que quienes serán realmente perjudicados son los consumidores estadounidenses, pues ahora deberán pagar más por los mismos productos que antes compraban con menores tarifas.
Puesta en escena
El anuncio de Trump lo realizó en el Rose Garden, que usó por primera vez en este segundo mandato. Allí reunió a todo su gabinete e invitó a trabajadores de la industria automotriz de Detroit, Michigan, que fue uno de los «estados bisagra» que se volcaron a él en las recientes elecciones.
Así, buscó realzar el anuncio de su «Día de la liberación» para hacer que «Estados Unidos sea rico de nuevo».
Todos, casi todos
Esta guerra comercial es a escala global, pero no a todos por igual. La base es un 10%, donde queda Chile entre otras 90 economías. No importa mucho la explicación técnica, porque Chile no solo tiene déficit comercial con EE.UU., sino además cuenta con un TLC bilateral, igual que Singapur y Perú (también castigados al 10%).
En cambio, hubo sobretasas más severas contra aliados históricos, como los 27 miembros de la Unión Europea (20%), así como a Japón (24%) y Taiwán (32%) en Asia.
Canadá y México quedaron excluidos de esta lista, debido -indicaron desde la Casa Blanca- ya que ya hay medidas específicas de 25% para casi todos sus productos. Rusia también quedó excluida del anuncio de ayer. La aplicación de aranceles especiales a las partes de automóviles de cualquier origen extranjero, de 25%, comenzará hoy.
Exclusiones selectas
El Departamento de Comercio investiga una serie de productos, según pidió el Presidente Trump. El más relevante para Chile es el cobre, pero también están, por ejemplo, artículos de madera. Quedaron excluidos de los anuncios de ayer, pero podrían aparecer en el futuro.
El Gobierno y gremios como AmCham ya entregaron antecedentes a EE.UU. para sacar a Chile de esos cargos. Washington también excluyó de castigo arancelario a productos farmacéuticos y a minerales críticos que no se produzcan en EE.UU., entre otros.
Impacto global
Como candidato, Presidente electo y luego mandatario en ejercicio, Trump ha seguido la misma línea discursiva proarancelaria que ayer terminó por concretar. Por lo tanto, los gobiernos de todo el mundo ya habían iniciado sus monitoreos y habían dibujado escenarios para afrontar y eventualmente responder a los sobrecargos.
Las bolsas, en particular en EE.UU., habían reaccionado en forma prematura ante la previsible escalada de imposiciones que supone una guerra comercial. Las pérdidas en firmas de distintos rubros, desde automotoras a tecnológicas, respondieron al supuesto de que habrá un freno al comercio global porque el consumo se desacelerará ante un aumento de los precios.
Economistas han planteado que un retorno de la inflación en EE.UU. complicaría un camino de la Reserva Federal hacia un nuevo recorte de tasas. Esa implicancia podría repetirse en Chile, dado el aumento que podrían experimentar las tasas de interés de largo plazo.
Retaliaciones
Una guerra comercial implica que si un país aplica más aranceles, el afectado podría responder con la misma medida. La Unión Europea y China ya han adelantado algunas acciones, luego de las primeras disposiciones que impuso Trump en febrero, y ahora podrían sumarse Japón y otras grandes economías.
Sin embargo, países como Chile podrían restarse de esa estrategia. De partida, Chile quedó en la banda de castigo base, por lo que comparte un mismo piso que todo el mundo.
Segundo, la apertura comercial de Chile es por esencia unilateral, lo que significa que las importaciones llegan a un arancel «nominal» del 6%, que en términos efectivos es menor al 1%. Un bajo arancel permite comprar productos (incluidos los bienes de capital) más baratos.
OMC a la baja
Las medidas de Trump perforan la estructura institucional global del comercio debido a un retorno al proteccionismo. Las reglas que hasta ahora regían se basaban en un criterio compartido (parte del denominado Consenso de Washington) que desincentivaba que países vulneraran a otros con súbitas alzas arancelarias, todo lo cual podía reclamarse ante la Organización Mundial del Comercio (OMC).
Como Trump justifica sus acciones en la “seguridad nacional”, de poco sirve el peso de la OMC.
Ventajas inesperadas
Algunos productores chilenos podrían encontrar ventajas comerciales inesperadas. Dado que las exportaciones chilenas solo deben pagar el 10%, podrían tener una ventaja relativa frente a competidores de otros países que deban pagar más.
Sin embargo, en el largo plazo el panorama es incierto si acaso la guerra comercial golpea la economía y el consumo de todos modos cae.
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