La embajadora de Chile ante Naciones Unidas, Paula Narváez, presentó su renuncia para asumir, a partir del 17 de enero, un cargo en la dirección regional del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) en Panamá, según informó La Tercera. Este movimiento trasciende lo profesional, operando como un síntoma revelador del crítico momento que atraviesa la eventual candidatura de Michelle Bachelet para la secretaría general de la ONU.
Narváez, considerada la jefa de campaña de facto de Bachelet, fue una de las principales impulsoras de su candidatura y su enlace con embajadores extranjeros. Su estrecha relación política con la exmandataria –su exvocera y candidata ungida por Bachelet para primarias del PS en 2021– convierte su salida en un indicio de desarticulación estratégica. Desde el equipo del Presidente electo, José Antonio Kast –quien mantiene en suspenso el apoyo a Bachelet hasta después del 11 de marzo–, se interpreta esta renuncia hacia una agencia técnica de la ONU como una señal de serias dificultades en la postulación.
Una Postergación Estratégica y Fracturas Internas
Aunque el Presidente Gabriel Boric anunció la candidatura en septiembre pasado, el gobierno ha postergado su inscripción formal. Esta parálisis se agudizó tras el triunfo de Kast, quien tras reunirse con Bachelet el 22 de diciembre, condiciona su respaldo a un análisis exhaustivo de presupuestos, apoyos internacionales, candidaturas rivales y el alto riesgo de veto en el Consejo de Seguridad. Paralelamente, fuentes oficialistas revelan roces en Cancillería con Narváez por falta de coordinación, aunque el ministerio de Alberto van Klaveren mantiene un equipo operativo, liderado por el director multilateral Frank Tressler. Se analiza que a Boric no le conviene inscribirla sin el aval explícito de Kast, quien posteriormente podría retirar el patrocinio.
El Terremoto Geopolítico y la Crisis del Multilateralismo
La Moneda también aguarda la decisión de la propia Bachelet, quien detuvo sus actividades de campaña para evaluar el nuevo contexto. Un punto de inflexión fue la operación militar estadounidense en Venezuela del 3 de enero, que capturó a Nicolás Maduro y tomó el control de la producción petrolera. Este hecho no solo polarizó las posturas de Kast (apoyo) y Boric (condena), sino que reabrió globalmente el debate sobre la efectividad de la ONU y la necesidad de reformar el derecho internacional. Este escenario redefine radicalmente el perfil deseado para liderar el organismo.
La candidatura de Bachelet se enfrenta ahora a un panorama aún más adverso tras el último golpe del expresidente Donald Trump al multilateralismo: el retiro de Estados Unidos de 66 organizaciones internacionales, 31 vinculadas directamente a la ONU, cuyo aporte financiero representa el 20% del presupuesto del organismo. Considerando que EE.UU. posee poder de veto en la elección del secretario general, esta acción erosiona severamente el espacio político para cualquier candidatura.
La Encrucijada de Bachelet: Principios en un Escenario Hostil
Bachelet, de 74 años, exdirectora de ONU Mujeres y ex Alta Comisionada para los Derechos Humanos, declaró el 14 de diciembre su intención de alinear su gestión con los principios de la Carta de la ONU sin ceder a presiones. Ahora, en medio de una de las mayores crisis del sistema multilateral, debe definir si, como figura emblemática del progresismo global, es la carta más idónea para intentar liderar la organización y los profundos debates venideros, o si el contexto geopolítico actual, marcado por la unilateralidad y la fractura, hace inviable su proyecto. Su silencio sobre los eventos en Venezuela y su pausa estratégica son elocuentes.



