Estados Unidos mantiene bajo evaluación la posibilidad de ejecutar ataques aéreos contra el régimen de Irán como respuesta a la represión de las protestas que sacuden al país desde finales de diciembre. Así lo confirmó la Casa Blanca, al señalar que el presidente Donald Trump considera “opciones muy fuertes”, incluidas acciones militares, mientras continúa explorando vías diplomáticas indirectas con Teherán.

La secretaria de prensa de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, afirmó que el mandatario “mantiene todas las opciones sobre la mesa” y que los ataques aéreos forman parte del abanico de alternativas disponibles para el comandante en jefe.

Los ataques aéreos serían una de las muchas, muchas opciones que están sobre la mesa”, declaró Leavitt ante la prensa, aunque subrayó que “la diplomacia siempre será la primera opción del presidente”.

Contactos indirectos y mensajes contradictorios

Según explicó la vocera presidencial, existe una marcada diferencia entre el discurso público del régimen iraní y los mensajes privados que Washington estaría recibiendo a través de canales indirectos.

Lo que se escucha públicamente del régimen es bastante diferente de los mensajes que la administración está recibiendo en privado”, sostuvo Leavitt, al confirmar la existencia de un canal de comunicación con el enviado especial de Trump, Steve Witkoff. En esos intercambios, añadió, Irán habría adoptado “un tono muy diferente”.

Durante el fin de semana, Trump endureció su discurso, al afirmar que Irán “parece haber cruzado una línea roja” tras la muerte de manifestantes. El domingo señaló que el Ejército estadounidense estudia “opciones muy fuertes” y agregó que, aunque los líderes iraníes habrían solicitado una reunión, Estados Unidos podría “tener que actuar antes” de que dicho encuentro se concrete.

Respuesta de Teherán: advertencias y apertura al diálogo

Desde Teherán, la reacción del régimen combinó advertencias y gestos de apertura. El canciller iraní, Abás Araqchi, aseguró que Irán “no busca la guerra, pero está totalmente preparado”, y añadió que su país también está “listo para negociar”, siempre que se trate de conversaciones “justas”.

La Cancillería iraní reconoció además la existencia de un canal de comunicación con el enviado estadounidense, pese a la ausencia de relaciones diplomáticas formales entre ambos países.

Crisis interna y denuncias de violaciones a los derechos humanos

Las tensiones internacionales se desarrollan en paralelo a una crisis interna sin precedentes en Irán. Las protestas comenzaron el 28 de diciembre, inicialmente motivadas por el deterioro económico, y evolucionaron hacia un desafío abierto al sistema teocrático de la República Islámica.

Organizaciones de derechos humanos reportan una escalada en el uso de fuerza letal por parte de los cuerpos de seguridad, coincidente con un apagón casi total de internet, que dificulta la verificación independiente de los hechos.

La ONG Iran Human Rights, con sede en Noruega, informó que al menos 648 manifestantes han muerto desde el inicio de las protestas.

Él ciertamente no quiere ver a personas siendo asesinadas en las calles de Teherán y, lamentablemente, eso es algo que estamos viendo ahora mismo”, afirmó Leavitt al referirse a la postura del presidente Trump.

Informes coincidentes del Centro de Derechos Humanos de Irán (CHRI), con sede en Nueva York, describen hospitales colapsados, escasez de suministros médicos y un aumento constante del número de víctimas tras el corte de las comunicaciones.

El CHRI advirtió que testigos han relatado el uso de rifles militares, francotiradores y drones de vigilancia, así como disparos dirigidos a la cabeza y los ojos de los manifestantes. “Se está produciendo una masacre”, alertó la organización, que instó a la comunidad internacional a actuar con urgencia para evitar más muertes.

Opciones militares y riesgo regional

En Washington, funcionarios de seguridad nacional preparan informes para el presidente con un abanico de respuestas posibles, que incluyen medidas militares y no militares. Entre las alternativas se analizan sanciones adicionales, operaciones cibernéticas contra infraestructuras iraníes y la opción de ataques convencionales.

Fuentes oficiales señalaron que las deliberaciones se encuentran en una fase inicial y que aún no se ha tomado una decisión definitiva.

La posibilidad de una acción militar estadounidense introduce un nuevo factor de riesgo en una región ya marcada por tensiones. Desde el Parlamento iraní, su presidente Mohammad Baqer Qalibaf advirtió que cualquier ataque podría desencadenar represalias contra intereses de Estados Unidos, Israel y rutas marítimas estratégicas.

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