El proceso de designación al interior de La Moneda chica trasciende la mera búsqueda nominativa; constituye una operación estratégica para identificar a la figura capaz de asumir la que quizás sea la cartera de mayor peso político y expectativa pública del próximo gobierno. La dificultad en hallar al futuro ministro de Seguridad Pública radica en la convergencia de variables críticas: la escasez de perfiles que garanticen resultados tangibles en plazos perentorios, la exigencia de un capital político robusto y el riguroso proceso de vetting al que son sometidos los candidatos, todo ello bajo la presión de un cronómetro implacable.
La Paradoja del «Fusible» Estratégico. Para el núcleo del Presidente electo José Antonio Kast, la viabilidad política de la administración se jugará de manera preponderante en el ámbito de la seguridad, transformando a este ministerio en el componente intercambiable —el «fusible»— del gabinete si las metas de reducción del delito no se materializan. Esta concepción sitúa al cargo no solo como una responsabilidad técnica, sino como un amortiguador político designado para proteger la estabilidad del proyecto gubernamental.
Los nombres inicialmente considerados reflejan este dilema. El entusiasmo del senador electo Rodolfo Carter se habría disipado tras un cálculo costo-beneficio que ponderó las altísimas expectativas contra un riesgo considerable de fracaso percibido. De manera similar, la trayecto-ria política de Carlos Maldonado, aunque inicialmente valorada, parece haber perdido impulso en la recta final de esta evaluación. Estos movimientos evidencian un proceso de selección donde la disposición a asumir un riesgo excepcional es un filtro determinante.
El Perfil Requerido: Política sobre Uniforme. La estrategia delineada por el equipo de Kast es pragmática y reveladora: se prioriza de manera consciente un perfil político sobre uno puramente técnico o castrense. Como sostienen fuentes al interior del círculo, la gestión ministerial excede con creces el mando operativo de una unidad policial o militar. Este enfoque subraya la comprensión de que el desafío central es de naturaleza institucional y legislativa.
Si bien se evaluaron nombres como el de Alejandro Irarrázaval, su posible falta de expertise específica habría sido un factor en contra. El perfil ideal, según se analiza en los corrillos, sería un abogado que posea no solo la confianza de Kast o de figuras clave como Arturo Squella, sino también la fortaleza para negociar complejas reformas legales en un Congreso fragmentado, gestionar la delicada relación de mando con Carabineros y la PDI, y contar con un respaldo partidista sólido para enfrentar las inevitables crisis del sector.
El Escrutinio Extendido: Transparencia como Imperativo. El equipo ha desplegado una meticulosa capacidad de investigación para examinar el pasado de los aspirantes. El filtro principal hoy son los potenciales conflictos de interés, buscando excluir de manera categórica a cualquier candidato con vínculos financieros en el sector de la seguridad privada o defensa. Este rigor busca blindar al futuro ministro y, por extensión, al gobierno, de futuras vulnerabilidades que la oposición podría explotar.
En síntesis, el Presidente electo José Antonio Kast no busca un comandante para una campaña puntual, sino un estadista menor con la resiliencia para navegar una prolongada tormenta política y la disposición sacrificial de un soldado. El elegido deberá demostrar una rara combinación: la integridad para resistir el escrutinio, la astucia para conseguir apoyos legislativos y la conciencia de que, en el escenario de una crisis de seguridad, su salida podría ser el recurso estratégico para preservar la gobernabilidad. La designación final será, por tanto, la primera gran definición táctica de una administración que ha centrado su capital político en esta crucial arena.
- Esta noticia fue redactada utilizando los adelantos técnicos propios de este sitio web. Se acepta cualquier reproducción en otro medio, ojalá citando la fuente:www.eldiariodesantiago.cl
/gap



